VOLVER AL ORIGEN

la-creacion“Mas al principio no fue así”. Mateo 19:4

Muchos varones machistas son víctimas de una sociedad que forma sin considerar ni medir las consecuencias de una determinada manera de educar. A medida que crecen, muchos jóvenes se alejan de los presupuestos machistas y asumen una interacción distinta con las mujeres. Pero, un número más bien mayoritario se aferra a nociones sexistas, en parte por comodidad y en gran parte por ignorancia.

La educación familiar y escolar juega un rol fundamental en la transmisión de valores adecuados para la relación entre varón y mujer.

Los preconceptos machistas sostienen que:

  • La mujer es inferior por naturaleza. En otras palabras, Dios la habría creado para que fuera un ser secundario desde su mismo origen.
  • El varón, por diseño divino, tiene que tener dominio sobre la mujer.
  • Dios crea la desigualdad entre varón y mujer por su voluntad soberana. Incluso, algunos llegan a sostener que esta relación de discriminación será eterna.

Estos argumentos, repetidos hasta la saciedad y por muy persuasivos que parezcan en boca de sus defensores, no son más que inventos de la imaginación pervertida de quienes pretenden encontrar evidencias para un hecho social real: la discriminación de la mujer.

Lo cierto es que Dios, tanto al varón como a la mujer, los creó a su imagen (Gén. 1:27). A ambos les dio dominio sobre todo lo que existe (Gén. 1:28). Y, tanto al varón como a la mujer, les dio la capacidad de elegir y la necesidad de compañía (Gén. 2:16-18).

El pecado distorsionó la relación de los sexos, pero en Jesucristo todo se ordena (Gál. 3:28). Jesús viene a romper con las viejas tradiciones y a mostrar que el ser humano tiene que volver al origen, porque lo que existe hoy no fue así en el principio (Ver Mat. 19:8).

Quien conoce a Jesucristo no puede perpetuar, en su conducta, actitudes discriminadoras, sexistas o de desprecio a otro ser humano simplemente porque es de sexo diferente. Dicho concepto solamente puede esperarse en un contexto en el que no se adora y alaba a Jesús.

En un matrimonio cristiano no hay lugar para primeros o segundos, sino que ambos se someten mutuamente (Efe. 5:21) bajo el temor de Dios. En el fondo, marido y mujer deberían vivir una teocracia. Ambos sometiendo su voluntad a Dios y actuando conforme a los dictados de la Deidad, sin someter nunca su conciencia a su dignidad a otro ser humano, porque es necesaria la obediencia a Dios antes que a cualquier ser humano (Hech. 5:29).

¿Estás tratando a tu esposa con la dignidad que corresponde? ¿Estás dejando que tu conciencia sea avasallada por otro ser humano?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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