UN SELLO MARAVILLOSO

corazonAl nacer su única hija, una mala praxis médica le provocó una parálisis. Hoy, pasa mucho tiempo postrada. No puede mantener su cuerpo levantado. Necesita un complicado aparato, que la mantiene sentada. Mueve sus manos. Afirma bien la cabeza. Pero, no es eso lo que sorprende al conocerla. Es su amplia sonrisa. Su picardía juguetona.

Esa sensación contrastante de estar ante la presencia de un paralítico que merece compasión pero que, por el contrario, prodiga simpatía. No hay señal de autocompasión. Su hija la acompaña con solicitud, para atenderla en lo que necesita. Estoy sorprendido. De pronto, su rostro se ilumina con un brillo especial y sus ojos adquieren una luz distinta. Alguien ha entrado en el cuarto. Como estoy de espaldas a la puerta, no lo veo enseguida.
Luego, ella radiante, se dirige a mí y me dice:
-Le presento a mi esposo. Hay, en sus palabras, una sensación de triunfo. Transmite confianza. Es una seguridad cálida, sin altanería y convincente.
El hombre, antes de acercarse a mí, se dirige a ella, y le besa la frente y la acaricia -al pasar- el rostro. De pronto, me siento un extraño. Tengo la sensación de estar invadiendo un terreno sagrado. Los veo sonreírse mutuamente. Solo son segundos, pero en mi mente todo se desarrolla como en cámara lenta. Cuadro tras cuadro voy entendiendo lo que sucede. Soy testigo de una historia de amor que supera barreras que invalidan. Frente a mi hay dos personas que se aman incondicionalmente.

“Ponme como un sello sobre tu corazón” (Cant. 8:6) Es la voz del amor que clama. Es la solicitud de alguien que le pide al amado: “Que en tu corazón no haya lugar para nadie más”. El amor es exclusivo. El que decide amar excluye cualquier afecto de su vida que no sea el del amado. Su mente solo abrigará pensamientos y sentimientos de amor para el que ama. Puede ser que, de pronto, sintamos atracción hacia alguien; es imposible que no suceda. Pero, cuando nuestra mente está sellada por el amor, no hay lugar para abrigar sentimientos o pensamientos que nos alejen de ese amor.

Quien ama lo hace sabiendo que participa de una dimensión superior a su comprensión. El amor es aire de eternidad en nuestras vidas. ¿Amas incondicionalmente? ¿Existe, en tu relación de pareja, la misma electricidad que la de los protagonistas de la historia de esta mañana? ¿Has puesto a tu amado o tu amada como un sello en tu corazón?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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