UN PACTO

votosEn el año 1522, en el Misal de la Iglesia Anglicana de Inglaterra, se introdujo una fórmula que aún hoy es repetida por todos aquellos que se casan, los votos matrimoniales que aún siguen sonando hermosos y siendo repetidos por miles de novios en su ceremonia nupcial, con variantes de un culto a otro: “Te tomo como esposa (esposo) a partir de este día, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, y prometo amarte y respetarte hasta que la muerte nos separe”.

Originalmente, la fórmula incluía una sección en la que la esposa prometía “obedecer” en todo a su marido, expresión que ha sido quitada de la mayoría de las fórmulas nupciales, por considerarse que dicha expresión rompe el equilibrio de equidad en la relación de la pareja. La fraseología de este voto compromete a ambos contrayentes a vivir de tal modo que estén dispuestos a acompañar a sus cónyuges en todo momento y bajo cualquier circunstancia. Un matrimonio no es un arreglo comercial. Tampoco es una relación empresarial, que exija unilateralmente obediencia.

El matrimonio es un pacto entre dos personas que deciden amarse mutuamente y dar lo mejor de sí mismas para que el otro sea feliz. Es un puente de ida y de vuelta. El pacto entre esposos consiste en dar lo mejor de sí mismos al otro, esperando que el otro hará exactamente lo mismo. Cuando el pacto no se cumple, la relación no es equilibrada y va camino al fracaso.

Muchos matrimonios fracasan cuando no entienden que la relación matrimonial se basa en una relación de reciprocidad en la que esposo y esposa deciden mutuamente dar lo mejor de sí mismos para que el pacto se cumpla. Amar, acompañar, y estar en las buenas y en las malas es parte del pacto. Respetar, proteger y ayudar es un elemento crucial de este pacto.

Cuando la Iglesia Anglicana creó estos votos, sabía lo que estaba haciendo, y era darle fuerza en las palabras a algo que se suponía válido desde la perspectiva bíblica. El problema es que hoy muchos se casan sin entender plenamente el significado de los votos de compromiso que asumen.

¿Eres consciente de los votos que hiciste al casarte? ¿Los cumples?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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