UN MOMENTO DE SUPERVIVENCIA

mirada“Mejores son dos que uno”. Eclesiastés 4:9

“Una mujer me miró a través de la vitrina de un centro comercial. Y bien, en su mirada me vi con tres hijos, un perro en el patio, el miedo a perder el trabajo, los préstamos interminables y unos atardeceres de domingos eternos y lánguidos en casa de sus padres. Sentí el peso de las mañanas iguales, de las tardes iguales, de las noches repetidas, de los iguales reproches. Rápidamente desvié la mirada, apuré el tranco y salí a la calle. Había sobrevivido a uno de esos segundos fatales con que la ciudad suele sellar el destino de los hombres”.

 Cuando leí esto, no pude menos que escribirlo y reírme por largo tiempo. Es una pequeña ironía muy bien escrita y que representa, para la mente de muchos varones, el significado más profundo de un matrimonio. De hecho, lo escribió un varón de 35 años.

Para muchos varones, el matrimonio es sinónimo de prisión, encadenamiento, pérdida de libertad, aburrimiento y sensación de ahogo. Es la imagen preferida de muchos varones para referirse al matrimonio.

En una cultura que exalta los valores masculinos, no podría ser de otra forma. Sería extraño que se transmitiera una idea diferente. La verdad es que muchos matrimonios son una cárcel, para ambos, varón y mujer, pero no porque el matrimonio sea así por diseño sino porque llega a ser así por decadencia. El matrimonio entre un varón y una mujer está en franca agonía. Cada vez hay más jóvenes que desconfían de la unión entre un hombre y una mujer. La expresión “hasta que la muerte los separe” y el “para siempre” parecen como una condena.

¿Por qué razón sucede esto? En parte, es porque hoy en día, en nuestra sociedad posmoderna, asistimos a una verdadera exhibición de fracasos matrimoniales. Ya no es extraño observar que las personas se casan más de una vez y que la relación conyugal está tan menoscabada que cada vez son más jóvenes que la observan con sospecha.

Lo extraño es que no hay personas que no quieran gozar de la bendición y la alegría de ser amado y tener  una pareja. Pero, se cree erróneamente que el compromiso mata el amor y que las personas casadas tienen menos posibilidades de ser felices a largo plazo.

La realidad es todo lo contrario. El huir del compromiso matrimonial crea las condiciones para profecías autocumplidas y hace que más personas se pierdan la dicha de crecer como parejas estables, en un clima de armonía.

El matrimonio es una buena idea, siempre y cuando sea gobernado por principios divinos, que implican respeto y amor. En otro clima, nunca podrá sobrevivir la pareja.

¿Estás huyendo del compromiso o lo consideras una bendición?

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