UN MENSAJE REVOLUCIONARIO

esposo“El hombre debe cumplir su deber conyugal con su esposa, e igualmente la mujer con su esposo. La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa. No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y solo por un tiempo, para dedicarse a la oración. No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en tentación de Satanás, por falta de dominio propio”. 1 Corintios 7:3-5, NVI

Se suele acusar a Pablo de misoginia (odio a la mujer) y rechazo al sexo femenino; sin embargo, estos versículos desmienten tajantemente aquella opinión. Contra toda la lógica de su tiempo, y en especial contrariamente a los planteamientos que los griegos tenían respecto del matrimonio, el apóstol le reconoce a la mujer los mismos derechos sexuales que al varón.

Pablo les escribe a los de Corinto, una ciudad griega que discriminaba a todas luces a la mujer. De hecho, los matrimonios se concertaban sin que las mujeres tuvieran la más mínima opción de dar su parecer. A menudo, era un asunto entre los padres de los contrayentes, o del novio y su suegro. Muchas jovencitas, obligadas a casarse en plena adolescencia, conocían a su futuro marido el día de la boda.

Al marido se lo consideraba el guardián y amo de su esposa. Se suponía que el varón era más apto para el gobierno que la mujer, tal como lo señala Aristóteles.

No se consideraba el matrimonio como tal sino hasta que la mujer daba a luz a su primer hijo. Hasta que eso sucediera el matrimonio se podía acabar en cualquier momento y sin ninguna justificación; solo bastaba que el marido estuviese dispuesto a devolver la dote.

La vida sexual de la mujer estaba restringida solo al matrimonio. En cambio, se aceptaba socialmente que los varones tuviesen más de una compañera sexual extraconyugal. La única condición era que no se relacionase con la esposa de otro ciudadano.

Para esa gente, Pablo escribió estas palabras revolucionarias. Probablemente quienes escucharon la carta se rascaron la nariz, pensando que el apóstol se había vuelto loco. ¿Cómo podía la mujer tener la misma autoridad que el varón en la vida sexual?

Pablo reconoció al marido y a la esposa la misma autoridad, y los mismos derechos y deberes, en relación con la sexualidad. En este plano, el apóstol demostró que el evangelio era revolucionario. Que suponía romper con los tabúes circundantes y que eso era verdad aunque la cultura dijera lo contrario.

Hoy sigue siendo un mensaje válido, por muchos que a algunos les moleste. La esposa y el esposo tienen los mismos derechos y deberes sexuales.

¿Han incorporado este consejo a su matrimonio? ¿Sientes, como mujer, que tienes los mismos derechos en tu relación de pareja?

 Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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