UN LENGUAJE QUE CONDICIONA

principe azul“Te has llevado a mis hijas como prisioneras de guerra”. Génesis 31:26 NVI

La época de los juglares introdujo un concepto que aún perdura. Es extraordinaria la manera en que los prejuicios y los estereotipos se mantienen en el tiempo, aun cuando sea probado que son solo eso: conceptos errados traspasados de generación en generación. Una de esas ideas, que a mi juicio es equivocada, sostiene que, en una etapa de la relación de pareja, “el caballero quiere ser conquistador, y la dama conquistada”. Se supone que las mujeres quieren ser “conquistadas por el príncipe azul”.

La sola utilización de este lenguaje ya supone una distorsión. Al hablar en términos de “conquista” y “principado”, se convierte a la relación de pareja en una cuestión de guerra. Los varones deben buscar todas las formas posibles para llegar a apoderarse del castillo (el corazón de la dama) y convertirlo en parte de su propiedad (la conquista).

Por su parte, la mujer debería esperar pasivamente a que viniera un “príncipe azul” (no sé por qué no amarillo o café), para que la conquiste y la haga suya. Ella debería suspirar emocionada al ver los intentos de algún varón de acercarse a ella y tratar de conquistarla.

Este lenguaje, y los supuesto discriminatorios que hay en el fondo, para lo único que han servido en la historia de la relación entre el varón y la mujer es para perpetuar un estilo de relación jerárquica en el que la femineidad es concebida en términos de obediencia y sumisión.

Con este tipo de acercamiento a la relación de pareja, finalmente, tanto el varón como la mujer terminan perdiendo, a la larga, la capacidad de relacionarse de manera armoniosa y equilibrada.

No hay conquistados y conquistadas, sino personas que toman la decisión de compartir un proyecto de vida común.

La relación de pareja no es una conexión basad en la “conquista” de uno sobre otro. La mujer no es un “trofeo de guerra” sino una persona, y como tal, hija de Dios, creada a su imagen, y con los mismo derechos y deberes que el varón.

El matrimonio es una relación consensuada en la que dos personas, en pleno ejercicio de su voluntad y capacidad de decidir, eligen compartir el resto de su vida, no para ser gobernados o liderados, sino para ayudarse mutuamente a fin de desarrollarse de tal modo que sus modos de ser les sirvan a ambos para ser felices.

Es hora de cambiar el lenguaje; es el primer paso para cambiar la forma de pensar.

¿Estás tratando a tu esposa como “trofeo de guerra” o como una compañera de viaje que ha decidió voluntariamente acompañarte?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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