UN LARGO DIÁLOGO

conversando“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”. Colosenses 4:6

André Maurois escribió: “Un matrimonio feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta”. Es una de mis definiciones preferidas en relación con el matrimonio. Cuando las personas se casan, se dan cuenta de que abrazarse, besarse y acariciarse es hermoso; sin embargo, a la larga, es más placentero saber que hay alguien que te escucha sin dobles intenciones y que sigue tu conversación con interés de alguien que le importa cada detalle de tu vida.

Los buenos matrimonios dialogan, los malos discuten. Los matrimonios que se conservan en el tiempo son capaces de mantener diálogos sin caer en el monólogo ni en la repetición constante de reproches ni acusaciones. Dialogar no es reprender, sino comunicar nuestras emociones más profundas sin temor a que el interlocutor nos vaya a juzgar o a moralizar. Es solo transmitir una información  que nos sirve para darnos a conocer y también para conocernos a medida que hablamos.

El buen diálogo se aprende. No es innata la buena conversación. Se logra con el tiempo y con la práctica. Aprender a utilizar las palabras correctas, la inflexión adecuada, el tono de voz que sea persuasivo y amable es una tarea ardua y, a ratos, extenuante. Dejar a un lado la mordacidad, la ironía hiriente, la palabra soez, la expresión cargada de odiosidad es también un trabajo que demanda paciencia y una gran cuota de empatía.

Muchos matrimonios revelan, en sus conversaciones, la calidad de vida conyugal. El diálogo fluido y sin pausas cansadoras es producto de una dedicación inteligente al proyecto de ser pareja. Es sintomático: cada vez que trato con matrimonios en crisis, me percato de que el tiempo que tienen para dialogar es escaso y tensiona. No saben hablar sin herirse ni decir sin ofender. Conversan con sospecha y a la defensiva, esperando que en cualquier momento el otro diga algo que herirá como una espada.

Los matrimonios estables, en cambio, son capaces de ventilar sus diferencias sin alzar la voz ni caer en la procacidad. Dicen lo que sienten sabiendo que el otro respetará sus sentimientos, y hará un esfuerzo por entender qué es lo que realmente está diciendo y las razones que lo llevan a decir lo que dice.

Hablar es un arte que se cultiva con paciencia e inteligencia. Si para decir algo tienes que alzar la voz y utilizar una palabra hiriente, no has aprendido el verdadero significado del diálogo y lo más trágico es que estás socavando, con tus palabras, tu matrimonio. ¿Hay diálogo en tu matrimonio? ¿Qué palabras utilizan para conversar?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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