UN COMPROMISO SAGRADO

compromisoEn todas las culturas, las bodas son momentos esperados y felices. Las ceremonias varían de un lugar a otro, pero en general tienen elementos comunes. Siempre hay alguien considerado una autoridad (religiosa o civil) que oficia, los contrayentes que realizan un compromiso que incluye votos o promesas mutuas, y siempre se realiza la ceremonia frente a testigos.

En el antiguo Israel, las ceremonias matrimoniales eran oficiadas por los padres. Ellos eran los encargados de representar a Dios ante la pareja. Los jóvenes que se casaban hacían un pacto de ayuda mutua y de fidelidad.

Hoy los padres asisten como testigos, aunque no son los encargados de representar a Dios; eso sucede porque se impuso la tradición de que las autoridades religiosas sean las que dirijan las bodas. No vamos a juzgar si está bien o mal; lo que corresponde establecer es que lo importante es el pacto que la pareja hace frente a Dios. Es una promesa de mutua ayuda y compromiso. Dos personas que, viniendo de raíces distintas, deciden prodigarse cuidados mutuos y compañía basados solo en el lazo del amor.

La razón por la que hacemos el compromiso frente a Dios es porque entendemos que necesitamos ratificar el pacto frente a alguien absolutamente trascendente. Dios actúa como garante de una unión voluntaria de dos personas que entienden que, en el diseño del Creador, el enlace de una pareja fue considerado como necesario para el buen desarrollo y equilibrio del ser humano.

Es cierto que muchas personas consideran que el matrimonio es un contrato civil; por esa razón, suelen darle más importancia a la ceremonia frente a un juez de paz. Sin embargo, esto no es lo que establece la Biblia. De hecho, la tradición de una ceremonia civil es mucho más reciente en el tiempo que el pacto religioso. A partir de la Ilustración, se impuso la idea del contrato; pero, antes se consideraba que casarse ante Dios era no solo un acto sagrado sino también suficiente.

Hoy asistimos a una debacle moral en relación con el matrimonio. Muchos se casan por el registro civil y por la iglesia; pero, en el fondo, no actúan como si estuvieran casados. El pacto no es importante. Incluso, para muchos que cohabitan antes de estar legalmente casados, las ceremonias civiles y religiosas no son más que un trámite sin mayor sentido en sí mismo. El asunto es que la ceremonia religiosa frente a testigos le da, al pacto, una trascendencia que es la que precisamente hace que los contrayentes asuman el compromiso con más fidelidad. ¿Entiendes la importancia de la ceremonia religiosa? ¿Conoces de su valor?
Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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