TU VIDA ES PRECIOSA

SOLOJunior es muy querido por sus amigos; pero esta noche se encuentra solo. ¿Por qué alguien tan popular prefiere quedar solo un sábado de noche? ¿Por qué sus amigos lo habrían abandonado, justamente un sábado de noche, cuando todos salen y se divierten?

Desde que su matrimonio acabó, Junior pasó a sentirse un infeliz, un don nadie; el complejo de inferioridad se apoderó de él. Hoy, el muchacho alegre dio lugar a una persona amargada; la sonrisa fácil fue reemplazada por la tristeza y las bromas se transformaron en lamento.

La vida de Junior fue cuesta abajo, como un carro desenfrenado. Perdió todo. La comida no tiene más sabor; los colores perdieron su brillo… y se hunde cada vez en un mundo de lamento y de pena. “¿Volveré a sonreír algún día? ¿Alguien podrá amarme de nuevo? ¿Todavía tengo algún valor?”, se pregunta a sí mismo. Y no encuentra respuestas.

El versículo de hoy fue escrito para un pueblo asustado y angustiado: asustado, por el gigantesco viaje de vuelta a Jerusalén; angustiado, por miedo a lo desconocido. Un pueblo que salía del cautiverio con baja autoestima y el orgullo herido; esclavo por segunda vez. ¿No era demasiado?

En medio de ese torrente de sentimientos pesimistas, Dios presenta una verdad: “Tú eres precioso, y yo te amo”. El mensaje de Dios, para el pueblo de Israel en aquel tiempo, es el mismo para Junior, para ti y para mí, hoy: somos preciosos, y Dios nos ama con todas las fuerzas de su ser. El amor de Dios existe no porque seamos buenos o fáciles de amar, sino porque somos sus hijos, creados por él, a su imagen y semejanza.

Quién sabe, hoy no te sientes bien; el peso del complejo de inferioridad te masacra. Quizás hoy sientes que nadie te ama, y que todos se ríen de ti y de tu manera de ser. Dios te ama: tú eres la cosa más linda que Dios tiene en este mundo; tú eres precioso.

Enfrenta los desafíos de este nuevo día sabiendo que eres precioso para Dios. Cuando las sombras de la tristeza oscurezcan tu vida, recuerda las palabras de tu Padre, que te dice: “Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida”.

Plenitud en Cristo, Alejandro Bullón

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