Todos mueren

morirY murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Deuteronomio 34:5.

Douglas no acepta la muerte de su padre. Fue una muerte triste, es verdad. Todas las muertes lo son; especialmente cuando se tiene 42 años de edad y muchos sueños. Un cáncer consumió la vida del padre de Douglas. En solo un año, se fue apagando, como una vela consumida por el fuego. El golpe fue tan duro que Douglas se volvió en contra de Dios y se apartó de la iglesia. ¡Muerte! ¡Oh, muerte, ingrata y cruel! ¿Cuánto tiempo más continuarás arrancando lágrimas y sembrando desesperación?

El versículo de hoy relata la historia de uno de los más extraordinarios líderes que el mundo conoció: un gigante de la historia. Pero, los gigantes también mueren. Vivimos en el imperio de la muerte; es nuestra triste y dolorosa realidad. ¿Ya era un anciano Moisés y le había llegado la hora de morir? No, todavía tenía planes. La Tierra Prometida todavía no había sido conquistada; había sacado a su pueblo de la esclavitud y le había prometido llevarlo a la tierra que manaba leche y miel.

Pero, una noche, cuando ya estaban en la frontera, listos a entrar en la tierra de los sueños, se le presentó el Señor y le dijo: “Moisés, sube al monte Nebo”. Y desde allí le mostró la Tierra, y agregó: “Mira la tierra, porque para allá tú no pasarás?

Triste final, para un soñador como Moisés. El no había salido de Egipto para morir en una montaña solitaria; ¿por qué Dios no le daba la oportunidad de realizar su sueño?

Aquí hay una verdad que Douglas no logró entender: el mejor momento para que un hijo de Dios descanse es cuando Dios permite que descanse.

Puede ser doloroso y triste; desde el punto de vista humano, puede parecer injusto y cruel. Pero, es la verdad más misericordiosa que existe. Dios nunca falla. Sus pensamientos, para con el ser humano, son pensamientos de paz y no de guerra; de amor y no de odio.

Si has perdido a un ser querido y no logras aceptar esa realidad, ve a Jesús y llora a sus pies. Pero, pídele que coloque su mano de amor en tu corazón, y que cierre la herida abierta. Confía en el Señor: él nunca haría algo para tu mal. “Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová”.

Plenitud en Cristo, Alejandro Bullón

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