SUTILEZAS RADICALES

niña oso“Guárdame como a la niña de tus ojos”. Salmo 17:8

Según varios estudios realizados en escuelas primarias y secundarias, se observa que las maestras otorgan más atención a los niños que a las niñas. A los varones se les otorga una atención más positiva y prolongada, y se les da mayor participación para responder preguntas y reciben más ayuda en la corrección de errores y en pensar las respuestas. Hay diferencias sutiles a la hora de revisar los trabajos. En las tareas realizadas por varones suelen elogiarse las respuestas que exigen un buen desarrollo intelectual; en cambio, las niñas suelen ser alabadas por la nitidez de sus trabajos o por la presentación. Evidentemente, hay en esta observación la idea sutilmente subterránea de que es evidente que los varones van a desarrollar más capacidad intelectual que las chicas.

He sido docente por más de veinte años y he observado que no importa el país en que esté: los varones tenderán a hablar más y una buena cantidad de mujeres se mantendrá en silencio. De hecho, cuando alguna mujer destaque, excepcionalmente, por sobre las demás en asertividad o capacidad de argumentación, rápidamente será catalogada como una persona que se parece demasiado a los varones, suponiendo que está entrando, con su conducta, en un terreno masculino.

Esta forma de educar y de tratar a un sexo o a otro simplemente hace que la imagen que los varones y mujeres tengan de sí mismos sea diferente. De un modo u otro, refuerza valores que menoscaban el ideal que Dios tiene para sus hijos hoy.

Soy padre de un varón y de una mujer. Sé en carne propia los daños que ha sufrido mi hija porque la hemos animado a considerarse una persona valiosa. Sé, sin lugar a dudas, que lo que ella piensa de sí misma es contrario a lo que muchas de sus compañeras piensan de ellas. Incluso alguna vez, alguien bien intencionado me dijo:

-Le haces daño a tu hija con educarla así; ella tiene que aprender a someterse; de otra forma, nunca conseguirá marido.

Mi respuesta fue:

-Prefiero que se quede soltera a creer que para que sea apreciada debe someterse a la voluntad unilateral de un varón.

Al contrario, nunca he sentido eso de la educación de mi hijo. He visto cómo ha sido sistemáticamente estimulado a considerarse digno y capaz de lograr lo que quiera. Dios nos hizo para ser tratados con dignidad. Nunca alguien debería sentirse menoscabado por razones de sexo, raza o capacidad. Ese nunca fue el plan de Dios. ¿Cómo tratas a otros seres humanos? ¿Cómo te tratas a ti misma?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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