SIN SECRETOS

sin secretoNo hay secretos. Lo que debe ser aprendido es parte de la realidad de alguien. Me agrada acercarme a las personas que les ha ido bien en su vida matrimonial para consultarles sobre la razón de su experiencia. Las respuestas que me dan son variadas, pero, casi todas esconden algunos elementos comunes. Los más repetidos son:

Tolerancia: No se casaron para ser cambiados ni para cambiar a otro. Aprendieron a vivir con las pequeñas y las grandes diferencias. Se acomodaron al que amaban de tal modo que no forzaron una forma de vivir que los hiciera sentir incómodos.

Alegría: Aprendieron a vivir cada día con una sensación de alegría, dando gracias a Dios y a la vida por el privilegio del amor. Esa sensación de estar viviendo una experiencia maravillosa y agradable les hizo observar la realidad con optimismo y sintiendo que siempre hay una solución para todo, aunque no la vieran en algún momento.

Confianza: Construyeron su relación sobre la base de la confianza. Eso significa que nunca sospecharon del otro, ni siquiera cuando hubo situaciones aparentes para desconfiar. Entendieron que la relación de pareja se construye sobre la confianza, no sobre los celos.

Aprendizaje: Son personas que no se envanecieron en la experiencia. Entendieron que debían estar abiertas, todos los días, a aprender algo nuevo que las ayudara a enriquecer su vida matrimonial. No solo leyeron constantemente libros que las ayudaran a crecer sino también consultaron, preguntaron y supieron estar atentas a aprender.

Compromiso: Comprendieron, desde un comienzo, que una relación de pareja no es un paseo de fin de semana. Es necesario estar al lado de quien se ama bajo todas las circunstancias, sean buenas o malas, agradables o desagradables; hicieron un compromiso de superar juntos las más variadas circunstancias.

Amistad: No cimentaron su relación en la atracción sexual ni en los incentivos externos, como seguridad económica o estatus social. Entendieron con claridad que solo podrían salir adelante si se mantenían unidos como amigos; personas que se necesitaran permanentemente una a la otra para dialogar, crear mundos, compartir universos.

Espiritualidad: Finalmente, pero no lo menos importante: Aprendieron a depender vivencialmente de Dios, y eso se trasladó a su experiencia cotidiana. La relación con Dios les permitió vivir cada uno de los aspectos reseñados anteriormente.

No hay secretos. Si alguien quiere aprender cómo vivir un matrimonio de éxito, basta preguntarle a quien está viviendo un buen matrimonio. Seguramente va a tener varias respuestas; pero, al menos, se centrarán en estas características presentes.

¿Estás viviendo la plenitud de tu vida matrimonial? ¿Necesitas algún cambio?

Diseñados para amar de Miguel Ángel Núñez

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