Sin miedo a equivocarse – Parte 12

juntos b“Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión”. Romanos 12:16.

Todos los seres humanos, en algún momento de nuestras vidas, decimos cosas absurdas de las cuales luego nos arrepentimos. A veces por ignorancia, tozudez, parcialidad o simplemente descuido emitimos una opinión que deja en evidencia que, de aquel punto, no tenemos ni la más remota idea.

Cuando un matrimonio está bien y ha aprendido a respetarse, esto se acepta como normal. En otras palabras, dicen lo que se les ocurre y no temen parecer tontos o ignorantes, porque saben que su cónyuge no les va a faltar el respeto y, por el contrario, aunque se hayan equivocado, no se va a mofar.

Los malos matrimonios viven constantemente dejando en evidencia la ignorancia o la torpeza de su cónyuge, sin darse cuenta de que con esa actitud lo único que logran es entorpecer su relación. Es perfectamente lícito, que de pronto, opinemos en forma equivocada. Eso no es pecado. El ser humano que en ninguna ocasión se equivoca no es humano. Es propio del ser humano errar.

El respeto de una pareja consiste en entender este aspecto y, juntos, buscar formas de encontrar soluciones que satisfagan a ambos, de tal modo que puedan aprender o llegar a las ideas correctas sin tener que actuar como “padre”, “profesor” o “inquisidor”, tareas no aptas para maridos ni esposas.

Algunas parejas están continuamente corrigiéndose, como si esa fuera su tarea primordial. Con una actitud tal, lo único que se logra es que el “corregido” se sienta menospreciado y tratado como un infante. La vida matrimonial debería incorporar un acuerdo tácito de ayuda mutua y, así como no sirve dar consejos que no se piden, en el interior del matrimonio no sirve “dar clases”; esa actitud lo único que logra es distanciamiento e incapacidad de crecer emocionalmente.

Para que una relación sea exitosa, se necesita respeto. Palabra pequeña, pero de alcances extraordinarios, en un contexto que es a la vez fuerte cuando lo construye el amor y la capacidad de empatizar con otro, y frágil cuando nos creemos superiores al cónyuge y, en tal caso, se rompe el equilibrio de igualdad y respeto mutuo.

La única vía posible para una buena convivencia es buscar con tranquilidad, de buen tono y con una actitud que no suene a reproche ni a escuela, el que nuestro cónyuge entienda un error.

¿Dejas en ridículo a tu cónyuge cuando emite una opinión errada? ¿Buscas la blanda respuesta y la actitud moderada cuando tu cónyuge está errado?

 Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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