SI TE SIENTES ACORRALADO…

hombreMientras Cristian se coloca la corbata antes de dirigirse al trabajo, nota un aire de tristeza en su mirada, y se pregunta: “¿Qué pasa conmigo?” Continúa observando su rostro. Concluye que el motivo de esa preocupación es la insistente persecución de sus compañeros de trabajo. La actitud hostil de sus amigos está afectando su ánimo, y últimamente siente un leve temor inconsciente al ir a la oficina.

Todo empezó cuando Cristian descubrió la Biblia, y quiso compartirla con sus colegas: unos se burlaron, otros se mantuvieron indiferentes y otros, incluso, dejaron de hablar con él. Pero, desde el día en que Cristian se bautizó, las cosas empeoraron: últimamente, los colegas lo cercan, observaban todo lo que él hace y dice, con la intención de hallar alguna falta en sus actitudes y reprocharle que es un hipócrita, al decir que su vida ha cambiado desde que conoce a Jesús.

El versículo de hoy presenta a Jesús, al enfrentar las mismas circunstancias que Cristian. Con una diferencia: los fariseos hacían las mismas cosas que los colegas de nuestro joven no solo con el propósito de burlarse o dejarlo en ridículo, sino con el objetivo de condenarlo y matarlo.

En la vida cristiana, muchas veces vas a pasar por ese tipo de situaciones. Gente que te observa solo con el deseo de encontrar una aparente contradicción entre lo que dices y lo que haces; gente que, muchas veces, va a preguntar sobre tu fe solo para encontrar algún error. Sí dices “Si” te acusarán y condenarán por la respuesta afirmativa; si dices “No” vendrán contra ti por haber negado. Nada de lo que hagas o dejes de hacer los satisfará. Te arrinconarán en una esquina de la argumentación, con el objetivo de hacerte perder la paciencia y exasperarte.

No les hagas caso; no reacciones defensivamente. Es eso lo que buscan. Pide a Dios mansedumbre, ternura, paciencia. Muchas veces, por detrás de las personas con ese tipo de actitud, hay gente sincera, que es tocada por el Espíritu Santo, mediante la simplicidad y la nobleza de tu reacción.

Sal hoy, sabiendo que vives en un mundo en el cual el camino no está siempre alfombrado de rosas para los hijos de Dios. Pero, a pesar de eso, las mismas espinas que muchas veces hacen sangrar tus pies son las bendiciones que el Señor te está preparando. Así fue con Jesús: “Fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra”.

Plenitud en Cristo, Alejandro Bullón

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