¡RESCATADOS!

Fuimos rescatados de la esclavitud.

Fuimos rescatados de la esclavitud.

Rescate es el precio que se paga para devolver la libertad a un prisionero. En los tiempos de Pedro, había por lo menos seis millones de esclavos en el Imperio Romano, y era fácil entender el concepto de rescate.

Un esclavo pertenecía al dueño de por vida. El esclavo no tenía derecho de soñar, de anhelar, ni de hacer planes futuros; no tenía el derecho de ir ni de venir, y ni siquiera de amar, porque hasta sus hijos le eran arrebatados por el amo para ser vendidos. El esclavo nacía, vivía y moriría así, a no ser que una persona bondadosa lo comprase y le devolviese la libertad. Existía de esa gente buena; eran pocos, pero los había. Y ese acto de comprar a un esclavo con el fin de dejarlo en libertad era llamado “rescate” o “redención”.

La Biblia utiliza la misma palabra para definir lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz. Estábamos vendidos al pecado. Le pertenecíamos al diablo: nos habíamos entregado a él voluntariamente. Quedaríamos así de por vida. Pero, apareció la persona maravillosa de Jesús y pagó el precio de nuestro rescate. ¿Cuál es ese precio? La vida. Su vida. Nosotros habíamos pecado y merecíamos morir, pero el señor Jesús murió en nuestro lugar, y ahora nosotros estamos salvos.

Aquella noche, en el Getsemaní, el Señor Jesús sudó gotas de sangre por causa del sufrimiento. Jesús no era un loco suicida que deseaba morir; él era un ser humano como tú y como yo. Y, como todo ser humano, tenía el instinto de conservación; no quería morir. Pero, su amor por ti fue más grande, y aceptó la muerte. Era la única forma de rescatarte. Como un cordero, fue llevado al matadero y murió en silencio.

La pena por el pecado ya fue pagada. Ahora, solo te resta aceptar el sacrificio de Cristo en tu favor. ¿No te parece que es este motivo para vivir agradecidos a Dios eternamente?

Haz de este un día de gratitud, de adoración y de alabanza a Dios, por su amor infinito. “Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto”.
Plenitud en Cristo, Alejandro Bullón

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