PRIMERO LO DE ADENTRO

lobo y corderosLo primero que el escritor necesita, al redactar cualquier artículo, es asir el pensamiento central: este es el fundamento, la espina dorsal que sostendrá las palabras; todo lo demás es complemento. Por más bellas que sean las expresiones, si no existe nada por dentro, es solo una colección de palabras vacías.

La vida cristiana es muy parecida. Pero, el ser humano siempre tuvo dificultad para entender esto. Su preocupación es la apariencia, lo que se puede ver; tal vez, por su incapacidad de discernir lo que existe en el corazón de las personas.

El pueblo de Dios, en los tiempos de Cristo, vivía este drama. Una exagerada preocupación con “parecer” bueno; énfasis en la apariencia. Creía que, cuanto más extensa fuese la cantidad de prohibiciones, más santa sería la vida religiosa. Tal vez, sus intenciones fuesen buenas; quién sabe, fuese sincero. Es lamentable que la sinceridad nunca fue un sinónimo de estar en el camino correcto. El tiempo se encargó de demostrar cómo esa manera de ver las cosas solo conducía a la desesperación, al desencanto y a la frustración espiritual, por no alcanzar lo que se había propuesto.

El Señor Jesucristo lo confrontó con la realidad del Espíritu: “Limpia primero lo de dentro”. ¡Qué mensaje! Lo de afuera es consecuencia, resultado, fruto o como lo quieras llamar; lo esencial, lo básico, lo indispensable, lo que realmente vale es lo que hay dentro. Jesús había venido al mundo exactamente con el objetivo de realizar esa obra que ningún ser humano puede lograr: transformar la naturaleza interior; limpiar la fuente de las intenciones y de los sentimientos; curar de verdad, y no solamente colocar un adhesivo para disfrazar la herida.

¡Autenticidad! Esa es la palabra correcta. Una vida auténtica es una vida fundamentada en Cristo; cualquier experiencia que vivas separado de él es cáscara, fachada, apariencia. No esperes caer, agonizante, en el camino de la vida para entender un mensaje tan simple.

Haz de este un día de comunión con Jesús. Vive con él todos los días. No te separes del Maestro en ningún momento, y verás que los frutos maravillosos de la vida cristiana aparecerán en tu vida, como un resultado natural de vivir al lado de Jesús.

Plenitud en Cristo, Alejandro Bullón

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