POR SUS FRUTOS

brindisAquella noche, todos quedaron sorprendidos cuando Altaír pidió un refresco, para acompañarlos en el brindis. Él era siempre el alma de la fiesta; le encantaba ser el centro de atención, y era el primero en levantarla copa para hacer el brindis. Pero, aquella noche, Altaír no había hablado mucho, y todos percibían que estaba allí más por compañerismo con los colegas de trabajo que porque le gustase la fiesta.

 -¿Que te ocurre? -le preguntó Norma, intrigada. Altaír sonrió. Había en sus ojos un brillo especial. Como si repentinamente hubiese descubierto algún tesoro. Todos lo miraban, atentos, para escuchar la respuesta.

 -Entregué mi vida a Jesús -respondió con serenidad. Parecía un niño que había recibido un regalo; se mostraba feliz, pero sereno.

 -¿Quéee? -preguntaron todos, al unísono.

 -Acepté a Jesús como mi Salvador.

 -¿Y eso que tiene que ver con el hecho de que no brindes?

 -Nada -dijo el-: yo puedo brindar con un refresco.

 -¿Estás loco?

 -No; simplemente, no bebo más bebidas alcohólicas.

 -Pero ¿qué tiene que ver la bebida con Jesús?

 -Es que mi cuerpo es “templo del Espíritu Santo”.

No lo dejaron terminar. Lo bombardearon con una tonelada de preguntas: algunas sinceras, otras sarcásticas y otras despreciativas. Pero, Altaír no se incomodó; respondió a todo. Y aquella noche se retiró temprano a descansar, para asombro de todos sus compañeros.

Los frutos habían aparecido, de manera natural, en la vida de este precioso joven. Él no se esforzaba por mostrarse cristiano: simplemente, había empezado a vivir con Jesús la más bella historia de amor, y los frutos aparecían, lozanos, maduros y bonitos, en su experiencia. Siempre es así: no hay manera de vivir en compañerismo con Jesús y continuar siendo la misma persona del pasado.

Este día puede ser, en tu vida, un día de muchos frutos. Haz de Jesús el compañero inseparable de tu vida; comienza y termina el día con él; no te separes de él en ningún momento. Entonces, al andar por los caminos de esta vida, todos sabrán que algo extraordinario sucedió en tu vida. Las cosas viejas se habrán hecho todas nuevas, porque “por sus frutos los conoceréis”.

Plenitud en Cristo, Alejandro Bullón

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