ORDEN DE PRIORIDADES

El trabajo por sobre lo importante

Millones de personas hacen esfuerzos titánicos para ser buenos profesionales y conservar sus puestos de trabajo. Sin embargo, muchos de ellos no ponen el mismo empeño en proteger sus matrimonios. Apenas surgen dificultades, están pensando en romper la relación y buscar el divorcio, lo que no hacen cuando se encuentran con problemas en sus fuentes laborales. Incluso hay quienes soportan por décadas malos trabajos, pero no están dispuestos a luchar para mejorar malos matrimonios. Esto resultad paradójico y hasta absurdo.

Lo que hay aquí es una evidente disminución de la importancia de la vida matrimonial y una creciente tendencia a creer que la realización personal pasa, en primer lugar, por el desarrollo profesional. El asunto es ¿de qué vale un buen trabajo si a la larga pierdes a tu familia?

A fin de cuentas, lo único permanente es la familia y la pareja. Cuando se pierde a los hijos y al cónyuge, no queda nada. Los recuerdos laborales, en el contexto de familias fracasadas o matrimonios desechos, no son mucho consuelo; al contrario.

Conozco a personas que hacen esfuerzos denodados por estar al día en sus profesiones. Buscan participar en cuando seminario exista a la mano, para poder ser competentes en su trabajo, se esfuerzan por mantenerse activos y solicitados en sus empleos, aun al costo de dejar a su familia a un lado. Sin embargo, cuando a esas mismas personas se les sugiere que participen en algún seminario de enriquecimiento matrimonial o en terapia para parejas, reaccionan creyendo que es una pérdida de tiempo. Es frustrante ver que tienen energías para algo temporal, como es el trabajo, que no dura para siempre, pero no son capaces de invertir tiempo y energías en algo permanente, como es la familia y el matrimonio.

Algo anda muy mal en una sociedad y en un individuo cuando esto sucede. Su escala de prioridades está muy dañada cuando el empleo tiene preeminencia por sobre la familia y el matrimonio. Es a costa de muchos dolores, lágrimas y sufrimiento como se aprende que esto es un error, aunque en algunos casos, cuando se dan cuenta, ya es demasiado tarde.

¿Qué quiere Dios en su plan? Pues, algo muy simple: que establezcamos las prioridades como corresponden. Primero, Dios; segundo, el cónyuge; luego los hijos; y finalmente, el trabajo. Cuando ese orden se altera, todo se echa a perder.

¿Cuáles son tus prioridades? ¿Pones el mismo esfuerzo en tu matrimonio que en tu trabajo?
Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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