¿OBEDIENCIA O INTERDEPENDENCIA?

sara“Someteos unos a otros en el temor de Dios”. Efesios 5:21.

Se llamaba Sarah Harrison Blair, vivió en las colonias de inmigrantes del Estado de Virginia, a comienzos de lo que hoy se llama Estados Unidos. Se casó en el año 1687. Es probable que nunca escucharas hablar de ella, y tampoco figura en muchos libros de historia. Sin embargo, su nombre ha quedado registrado porque, en el momento de su boda, rompió con una tradición que se mantenía por siglos y fue la primera mujer, de la que se tiene registro, que haya hecho algo así.

Durante la boda, el pastor que la oficiaba le hizo a ella una pregunta que solo se les hacía a las mujeres. El que dirigía le preguntó si prometía obedecer a su esposo. -Yo no obedezco -replicó ella con seguridad. El pastor le preguntó lo mismo en dos ocasiones más, y recibió la misma respuesta. El ministro terminó la ceremonia accediendo a la condición de Sarah, lo que en ese momento constituía un abierto desafío no solo a la liturgia imperante sino también a todo lo que eso implicaba en términos de relación de igualdad y sometimiento entre varones y mujeres.

Hasta ese momento, la liturgia contemplaba las promesas habituales para ambos; pero a las esposas, además, se les pedía que prometieran obediencia y sumisión a sus maridos, lo que en realidad era una clara unilateralidad de la relación en la pareja.

El argumento utilizado para esta exigencia procede del versículo que habla de la sumisión de la esposa al marido y pone como ejemplo a Sara, que trataba de “señor” a su marido, en un tiempo en el que dicha palabra significaba “amo” (1 Ped. 3:5, 6).

Sin embargo, cuando se compara con los dichos de Pablo, en ellos se menciona un concepto complementario. Habla de sumisión mutua (Efes. 5:21) y de que el marido debe ser la cabeza de la mujer (Efes. 5:23), que significa que él debe interdepender con su esposa y estar dispuesto hasta el sacrificio por ella.

Jesús, por su parte, cada vez que respondió sobre asuntos de matrimonio, desvió su respuesta hacia lo que fue creado en su origen por Dios (Mat. 19:4, 8; Mar. 10:6). En otras palabras, les dijo a sus contemporáneos que el modelo para seguir era el Edén y no la condición de pecado.

¿Debe obedecer la esposa al marido? Yo digo que no. Porque la relación matrimonial no es una relación infantil, sino de adultos que, en forma consensuada, deciden vivir como marido y mujer. Ambos deben aprender a influenciarse y dejarse influenciar, cosa que es muy diferente de exigir obediencia unilateral.

¿Entiendes que el modelo es el Edén? ¿Estás cerca del Edén o alejado de él?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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