MALDICIÓN DE UNA MALA INTERPRETACIÓN

igualdad bis“Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. Génesis 3:16

Los versículos son interpretados dependiendo del cristal con el que se los mire. El problema es considerar de manera adecuada el contexto tanto textual como histórico del versículo, ejercicio que muy pocas personas realizan; de allí, la cantidad enorme de interpretaciones que sufren los textos que sirven para justificar las más variadas opiniones.

Este versículo, en particular, ha servido a través de la historia como excusa para realizar las más aberrantes acciones en contra de la mujer. El supuesto es que, siendo que ella es la causante del pecado, todo el género femenino tiene que sufrir las consecuencias de una mala decisión. La suposición de que Dios no solo ha permitido sino también expresamente lo ha pedido, y es la subyugación y el castigo de la mujer. Ningún versículo ha hecho más para lograr que más mujeres maldigan el nombre de Dios. Muchas, incluso, han considerado maldita su condición de mujer.

Lo dramático es que  muchos varones han intentado justificar sus aberraciones, injusticia, maltratos, humillaciones y vejámenes con esta supuesta base bíblica.

El problema es que, si Dios es quien está detrás de una interpretación que autoriza la humillación y la esclavitud moral de la mujer, la imagen que se ofrece de ese Dios no solo es maligna sino también impide, de hecho, que la mujer logre entender con plenitud que Dios es justo y que lo mueve el amor.

Incluso, muchos varones llegan al descaro de no solo creer que su interpretación es correcta, sino también afirmar que las mujeres deberían aceptar la humillación y la subordinación como un plan perfecto de Dios, que castigaría de ese modo el pecado.

Muy pocos, porque no les conviene, interpretan el texto como es, simplemente una descripción dramática de lo que ocurriría como consecuencia del pecado. El contexto anuncia que Cristo vendría a deshacer “las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Esto, porque en Jesucristo todas las cosas son “hechas nuevas” (2 Cor. 5:17). Cristo nos convierte en “nueva criatura” (2 Cor. 5:17). En él, todo vuelve a ser como en el origen; y esto implica, en la relación del varón y la mujer, que deben volver a la relación de mutualidad que hubo en el origen.

Afirmar que se es cristiano y a la vez sostener que la mujer debe someterse y humillarse ante un varón es, simplemente, una contradicción del ideal de Dios y de los conceptos establecidos en su Palabra. Para afirmar dicho concepto, el único camino posible es la tergiversación de la Biblia. No cabe la discriminación cuando se acepta a Jesucristo.

Bien les haría a muchos profesos cristianos reexaminar sus supuestos a la luz de la Palabra, que es nuestra única garantía.

¿Estás tratando a tu esposa como la trataría alguien que conoce a Jesucristo?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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