MACHOS, MACHOS

novios a“Pues como el joven se desposa con la virgen, así se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo”. Isaías 62:5

Cuando era adolescente y estaba en el internado, al apagarse las luces, mis compañeros solían comenzar a contar proezas sexuales. Virgen, ignorante y con un desarrollo hormonal desbocado por la adolescencia, aquellas historias me resultaban apasionantes. Mis compañeros mayores aparecían ante mí como si fueran héroes. Sabían todo, lo habían experimentado todo, y estaban dispuestos a contarlo.

Me llevó años entender que aquellas historias no eran más que fantasías alucinadas de mentes que estaban desesperadas por conocer el verdadero sentido del amor.

Los varones suelen contar proezas sexuales. De hecho, contarlas es, para algunos, más placentero que vivirlas. Una razón de ello es que muchos varones han sido formados para demostrar constantemente su virilidad. Necesitan reafirmar constantemente que son machos, machos.

Después de escuchar tantas historias como consejero matrimonial, puedo dar fe de que muchos varones andan no solo perdidos en cuanto a su propia sexualidad, sino también son ignorantes de la sexualidad de sus esposas.

El machismo, uno de los males de nuestro mundo, no solo provoca infelicidad a las mujeres y a los varones, sino que además propicia la ignorancia y la necedad. Para que dos personas puedan llegar a tener comunión sexual, necesitan dos elementos fundamentales: tiempo, y seguridad física y emocional.

Tiempo, porque ninguna pareja logra un pleno desarrollo sexual de la noche a la mañana; es un proceso que demanda conocerse y lograr un pleno desarrollo de maduración en la comunicación física.

Seguridad física, porque la relación tiene que darse en un ámbito de tranquilidad, donde no exista amenaza de ningún tipo ni se ejerza fuerza de ninguna forma.

Seguridad emocional, porque es el sustento que le da sentido a todo lo anterior.

En el contexto social en el que a los machos humanos se los cría convenciéndolos de que las mujeres están para satisfacerlos y que ellos son los que mandan, y tienen “derecho” a exigir y someter, lo único que se consigue es insatisfacción, frustración y, a la larga, un ciclo de ignorancia, porque al fin de cuentas terminan preguntándose: -¿Qué pasó? Si yo funciono bien. Como si la sexualidad fuera solo asunto de erección, coito y eyaculación.

¿Quieres aprender? Comienza por preguntar: “¿Qué debo saber que no sé?”

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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