LUZ DE MIS DÍAS

sonrisa bHace 22 años que al acostarme y al despertarme la veo al lado mío. Conozco no solo su cuerpo, sino también sus miradas, sus sonrisas, sus pequeños gestos imperceptibles para otros pero inmensamente elocuentes para mí. Tiene cien formas de sonreír, y en cada una de esas sonrisas dice algo distinto. Pronuncia mi nombre de muchas formas diferentes, y cada vez me conquista de una manera diferente. Sus miradas son extraídas de un baúl misterioso en su mente, y en cada una de ellas me dice algo.

Cuando se ama, la vida se torna distinta porque a cada paso vamos encontrando una forma diferente de asimilar los golpes que el camino nos va dando.

El amor no es una pasión enloquecedora que te ciega por un instante. Tampoco es un sentimiento arrollador que te quita el aliento. Es algo mucho más sencillo y profundo. Es como un caudal de río que viaja silencioso y seguro por todos los lugares por los que le toca avanzar. Por momentos avanza movido por una fuerza extraordinaria, produciendo el ruido característico de la fricción; pero, en muchos instantes avanza en el apacible cantar del silbo cantarino del agua jugueteando entre las rocas por el simple placer de anunciar vida.

Para amar se necesita tiempo. No se logra de la noche a la mañana la sensación de que la persona amada es como el aire para tus pulmones. Si ella falta, es como si faltara un elemento crucial que le da un sentido claro y significativo a tu existencia.

Muchos aman con tal incongruencia que creen que para amar es preciso sufrir o pasar por episodios tensos y agobiantes. Pero, el amor verdadero, el que proviene de la influencia divina, el que nace no del sentimiento sino de la voluntad, provee un sendero seguro y apacible. Da a los amantes la certeza de que están del lado de la luz y no en la oscuridad. Sus vidas se vuelven gozosas y plenas. Conocen por experiencia personal el sentido de la plenitud, y se alegran cada día de haberlo conocido.

Conozco a Mery mejor que a cualquier persona de esta tierra. Sé qué ella es, para mí, tan importante como respirar. Sin embargo, nuestra relación no ha crecido de la noche a la mañana. Hemos necesitado tiempo para limar nuestras diferencias.

Agradezco a Dios por el don del amor. Le estoy inmensamente agradecido por haberme puesto en el camino de quien, hoy por hoy es la persona que ilumina mis días.

¿Estás agradecido a Dios por el esposo o la esposa que tienes? Si en tu vida no hay plenitud, ¿qué está fallando? ¿Qué debes hacer para mejorar la situación? Si, por el contrario, sientes que estás pleno, ¿qué debes hacer para que esta situación se mantenga? ¿Qué debes cuidar día tras día?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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