Los Hijos que Dios necesita

SINDROME DEL HERMANO MAYOR.
OBJETIVO Cuatro consejos prácticos y sencillos que facilitan la vida,
la realización personal y el crecimiento en la vida, familia y sociedad.
4 ERRORES DE QUE HACEN PERDER EL GOZO DE SERVIR.
Parábola de la oveja perdida
Parábola de la moneda perdida
Parábola del hijo perdido
El padre perdonador o el gozo de Dios.
Lucas 15.11-32 También dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. 13No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. 14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. 15Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. 17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. 25Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; 26y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. 28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. 29Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. 31Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

I. VIVEN MIRANDO VIEJAS FOTOGRAFÍAS
A. Lo divertido de las fotografías es advertir los cambios
B. Pero, cuando no vemos a alguien por tiempo confiamos en la fotografía que tenemos y las caras cambian casi siempre
C. El problema es cuando no aceptamos los cambios
D. El hermano mayor fotografió a su hermano en su momento de rebeldía, de pecados y desastres y no aceptó que había cambiado
E. En la vida cristiana debemos aceptar algunas verdades: .
• Todos nos equivocamos.
• Todos nos golpeamos.
• Todos aprendemos
• Todos crecemos.
• Todos cambiamos

F. Cuando Pablo escribió a Filemón le dijo que recibiese al esclavo prófugo que regresaba, porque había cambiado. Onésimo era un inútil y ahora era útil.

II. SE OLVIDAN QUE SERVIR A DIOS ES UN PRIVILEGIO
A. El hijo pródigo pedía al padre que lo recibiera como a uno de sus jornaleros con tal de vivir en su casa.
1. Tuvo que privarse de los beneficios para reconocerlos
2. A veces nos acostumbramos tanto al bienestar de servir a Dios que dejamos de sentir el privilegio

B Eso le paso al hermano mayor que decía “yo siempre estuve y me permitiste matar ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
1. Quería decir: y a mí? Qué me pagan por servir
C. Uno pagaba por servir y el otro quería cobrar por hacerlo
D Cuando servimos a Dios creemos que le estamos haciendo un favor y nos olvidamos que Dios nos esta honrando al darnos el favor de servirle.

III. SE ALIMENTAN DE LA COMPARACIÓN
A. El hermano mayor se comparaba con el menor.
B. Comparar habla de parar juntos
1 El ingrato se fue, se gastó toda la plata, se dio todos los gustos y ahora lo reciben
2 Yo jamás te desobedecí y nunca me diste

C Que fácil es comparar los beneficios de los demás con nuestras luchas e inconvenientes.
D El mayor se concentro en que había que hacerle doler a su ingrato hermano, solo porque el tenia dolor.
E. Pero no se concentró en el dolor y el sufrimiento que soporto su hermano por causa de la desobediencia desobediencia
F. Cuando comparamos miramos solamente las apariencias o nuestro parecer

G. El mayor quería que su hermano las pagara porque se había comportado como un ingrato, sin entender de su propia ingratitud que no podía ver todos los beneficios que recibió de su padre.

H. Nunca te compares con otros en las experiencias que vivís, más bien concéntrate en saber que Dios te da lo que necesitas a medida, porque sos único para él.

IV. LOS HNOs MAYORES PIERDEN SU CONFIANZA CON DIOS
A. El padre le aclaró que siempre estuvo con él y que todo lo del padre le pertenecía
B. Nunca tuvo la confianza de servirse, ni siquiera la confianza de pedir
C. Solamente esperaba en silencio que le diera.
D. No sabía si el padre estaría dispuesto a darle, necesitó una crisis para que el padre le dijera que tenía todo a disposición.
E. El mayor no se sentía en su casa, estuvo siempre en la casa, pero mirando por la ventana preguntándose que tan bueno seria estar afuera.
F. La confianza se logra de las siguientes maneras
1 entregándose sin reservas dejar de sentirse a prueba y con miedo a meter la pata
2 Dialogando, preguntando, metiéndose.
3 No esperando nada malo.
4 Conociendo más e imaginando menos.
5 Tomando compromiso y compañerismo.
6 Viviendo en intimidad.
7 Viviendo la gracia de Dios que es en Cristo

EN LA PARÁBOLA VEMOS DOS TIPOS DE HIJOS DEL MISMO PADRE.
• No obstante se levantó cuando más caído estaba.
• Su corazón era volver para empezar nuevamente de cero, conformarse sólo con comer.
• Siempre reconoció su condición de hijo, aún cuando fue rebelde a su padre.

Pero que …..

• Desperdició lo que tenía porque Dios no cabía en sus proyectos.
• Malgastó todo, porque sus cualidades eran buenas, pero no la inversión que hizo de ellas.
• Se arrimó a gente que lo arruinó.
• Sólo cuando cayó volvió en sí, y deseando aún lo poco ya no lo obtuvo a su forma.
• Pensar en la abundancia le hizo ver su escasez.

EL HIJO NORMAL

• Poseía mucho, pero su corazón era estrecho.
• Nunca disfrutó y tomó lo que le correspondía.
• El exigía lo que nunca pidió.
• No tomó lo que por años estuvo a su alcance.
• Prefirió guardar en vez de invertir.
• Estaba con su Padre, pero muy lejos de El.
• Poseía una vida de actividad, pero no de relación.
• Como todo religioso, cumplía ritos pero no se saciaba en lo que hacía.
• Vivía bajo el miedo, no el temor.
• Fue orgulloso y no se acercó.
• Mandó llamar a uno de los criados, nunca fue de frente.
• Le pidió cuentas a la persona incorrecta.
• Comía de las migajas en la mesa, cuando la mesa estaba llena.
• Y como siempre se enojó por lo que otro habían recibido, lo que él siempre tuvo a su alcance.
• Sólo se guiaba por lo que razonaba, solo sus propias opiniones.

Quizás aparentaba ser otra cosa

• Recibió el único reproche del Padre en todo el episodio.
• “Siempre estuviste conmigo, y todo lo mío es tuyo”, porque no lo tomaste.
• Nos escondemos en nuestra propia manera de ver a Dios.
• Estamos con Dios, pero no cerca de El.
• Estamos en su mesa, pero no disfrutamos de su comida.
• Y lo peor nos quejamos de lo que El es capaz de hacer con otros.
• Tenemos miedo de perder el privilegio de ser los únicos, pero como Padre el siempre anhela tener más hijos.
• Nos cuesta admitir que Dios hace lo que quiere con quien quiere.
• No progresamos porque nos quejamos del progreso de otros.
• Nos quedamos fuera de la fiesta como niños enfadados.
• Detenemos el plan de Dios en nosotros, por poner la vista y quejarnos por un simple cabrito.
• Nuestra mente no va más allá que la de un cabrito y por tanto nos perdemos todo lo que Dios tiene para nosotros.

LOS DESEOS DE DIOS
 Es preferible ser anormal para la gente aunque cometamos horrores, que normales pero sin ningún propósito.
 Dios no te mide por tus errores, sino por lo que tienes de El todavía.
 La dimensión de un hijo pecador arrepentido, le es más aceptable a Dios que la de un hijo que peca, pero no progresa en lo que hace.
 Determinar cumplir sueños puede producir errores, pero también determina actitudes y motivaciones, la grandeza del hombre que Dios usa no radica en su comportamiento sin acción, radica en acciones, errores, arrepentimiento, cumplimiento del propósito eterno del Padre.
Cuando las vidas están en un proceso, se pueden producir errores, pero son los errores propios de estar caminando no de estar parado. Dios desecha al religioso para abrazarse al pecador arrepentido.
EL HERMANO MAYOR JUSTO EN SÍ MISMO:
Tal como hemos visto en mis dos últimos artículos en La Gracia Enfocada, Lucas 15 no es de ninguna manera sobre el arrepentimiento de personas no salvos. Por el contrario, el capítulo es acerca del arrepentimiento y restauración de los cristianos que han ido muy lejos del Pastor y su rebaño (15:4-7), del lugar y papel que desempeñan en la iglesia cristiana (15:8-10), y de la comunión con Dios, su Padre Celestial (15:11-24). La sección final de Lucas 15 nos provee una añadidura vital e instructiva, para la enseñanza de nuestro Señor sobre el arrepentimiento cristiano.
Al regresar el hermano mayor del hijo pródigo del trabajo en el campo, él oye los sonidos de la celebración en la casa y, al preguntar, se le informa del por qué: “Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano” (15:27). Al hermano mayor no le gustó para nada esta información de la fiesta que su papá daba por el hermano menor. De hecho, “Entonces se enojó, y no quería entrar” (15:28). Como sus siguientes palabras le hacen claro, él no está realmente enojado con el hermano, sino con su padre por darle al hermano menor tan suntuosa bienvenida. Brevemente, él no comparte la alegría que su padre siente en esta ocasión. Así, el hermano mayor representa una clase de cristiano cuya actitud hacia el hermano descarriado es mucho menos amorosa que la de Dios su Padre celestial. Los sucesores del hermano mayor en esta parábola han sido numerosos en el transcurso de la historia de la Iglesia. Veamos esta actitud más cuidadosamente.
El padre de este hermano furioso es lo suficiente condescendiente para venir y hablarle, y el papá “le rogaba” que participara en la fiesta (15:28). Aunque él bien le hubiera podido ordenar a su hijo entrar a la celebración, eso hubiera estado fuera de lugar según lo especial de la ocasión. Dios mismo, por supuesto, no tiene la intención de ordenarnos que sintamos alegría cuando un cristiano extraviado es restaurado, porque el verdadero gozo debe ser necesariamente espontáneo. No se necesita recordar que tal gozo debe provenir siempre de la actividad del Espíritu Santo en nuestros corazones.
No Debemos Sobrestimar Nuestro Trabajo. La queja del hermano mayor nos enseña mucho. Él principia con la afirmación de cómo ha sido fiel al trabajo de su padre al decir: “He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás” (15:29a). Claramente este hermano está bastante satisfecho con el desempeño de sus deberes en la finca. Claro, él había trabajado para su padre durante un largo tiempo, pero tal vez se nos permite dudar de su amplio reclamo de que él “nunca jamás” había desobedecido a su padre. En realidad, él nunca había dejado el hogar como su hermano había hecho, pero afirmar que él nunca violó un mandato del padre era, sin duda, asegurar demasiado. Los cristianos que han servido por un largo tiempo al Señor corren el tremendo riesgo de caer en la trampa tanto sicológica como espiritual en la cual este hermano mayor fue agarrado. Podemos escudriñar ampliamente los años de servicio como dignos de alabanza mientras olvidamos convenientemente los numerosos fracasos, grandes y pequeños, que han ocurrido durante esos años. Aun sorprende cómo cristianos dedicados se indignan tanto algunas veces por las derrotas de otros en la iglesia cuando, de hecho, quizás hace años ellos mismos tenían la misma clase de fracasos o parecidos. Al criticar a otros, muestran una falta 2 de paciencia o compasión de la clase que ellos mismos una vez necesitaron tanto de Dios como de otros creyentes. El peligro de llegar a ser justos en nosotros mismos en nuestro compromiso cristiano es muy real, y nuestras mentes a menudo convenientemente obstruyen los recuerdos que podrían seriamente desinflar nuestra perspectiva de estar satisfechos en nosotros mismos. En realidad, algunas veces podemos aun olvidar nuestros presentes fracasos y deficiencias.
No Debemos Criticar Lo Que Nuestro Padre Hace Esta actitud es lo suficiente mala, pero el hermano mayor ahora va más allá con lo que llega a ser una acusación contra su padre. Porque ahora este hijo justo en sí mismo declara: “[Yo hice todo esto] y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos” (15:29b; letra itálica añadida). Semejante a toda la gente satisfecha en sí misma, este hermano siente que su padre le ha dado menos de lo que se merece. No solamente nunca se ha matado el becerro gordo para él, ¡sino que nunca se le ha dado un cabrito para una fiesta! De la misma manera, los cristianos justos en sí mismos a menudo se sienten ofendidos porque Dios no los ha bendecido o no los ha recompensado más abundantemente de lo que hasta ahora ha hecho. ¡De hecho, si hay alguna situación dura en la vida de la persona que se cree justa, ella o él toma la actitud de que merece “mejor que esto” de parte del Dios a quien [piensa ella o él] ha servido tan fielmente!”. A tales personas les hace falta por completo el espíritu qué nuestro Señor Jesucristo ordenó a sus discípulos cuando dijo: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10). Obviamente esto es tan diferente de la arrogancia con la que el hermano mayor critica a su padre. Hay cierta ironía en el hecho de que el hermano mayor no expresa el deseo de “gozarse con” su padre, sino que más bien él quiere hacer fiesta con sus amigos (v. 29). Él pierde contacto con el corazón de su padre en esta ocasión y no piensa desde el punto de vista de participar de la alegría de su padre, sino simplemente hacer algo con otras personas que tienen el mismo parecer de él. ¡En realidad esto es una trágica perspectiva! Tristemente, el cristiano que se cree muy justo a menudo se siente cómodo en compañía de otras personas que se creen justos en sí mismos con quienes pueden pasar tiempo lamentándose del miserable estado espiritual de la iglesia, las faltas de otros creyentes, etc. Si Dios mismo entrara de pronto en medio de la reunión de tales personas, les mataría el gozo de criticar porque la actitud de estos críticos súper-justos está tan lejos de la de un Padre celestial y amante quien desea fuertemente el regreso de sus hijos extraviados. Debemos Poner Atención a la Amable Reprensión de Nuestro Padre.
La reprensión que el padre da a su hijo mayor enojado es amable pero firme: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas” (v. 31). “¿Has olvidado las ventajas que tienes?” el padre le pregunta. “Tú disfrutas de mi presencia todo el tiempo, y también eres mi heredero.” Con estas sencillas palabras, el padre hace resaltar el agudo contraste que hay entre su hijo menor y el mayor. El menor había dejado la presencia de su padre por un largo tiempo, acumulando todos los estragos de su estilo de vida perdida. Además, había derrochado su herencia porque el dinero que había pedido y gastado era la parte del dinero que le correspondía (véase 15:12). La herencia del hijo mayor estaba aún intacta por completo. Él no necesitaba tener rencor y celos sólo porque su padre estaba celebrando el 3 regreso de su hijo arrepentido. Las desventajas de esos años perdidos eran muy reales para el pródigo. El hermano mayor estaba en una mejor posición simplemente porque él había permanecido en el hogar. No hay ninguna razón para que creyentes se resientan cuando un cristiano extraviado regresa al redil. Tales cristianos han tenido una pérdida real y palpable que los cristianos obedientes no experimentan. Ellos han desperdiciado “los tesoros en el cielo,” los cuales pudieron aumentar durante los años de extravío. Además, dejaron de experimentar la presencia de Dios, porque aunque él siempre estaba con ellos, ellos no estaban con él en el sentido de gozar su compañía e instrucción. En cuanto más tiempo un cristiano viva su vida lejos de Dios, más evidentes llegan a ser estas pérdidas. Pero queda una triste realidad, que aun después del arrepentimiento, no podemos regresar el reloj y volver a vivir esos años perdidos. Es bueno para el cristiano obediente recordar este hecho, que por muy grande que sea el regocijo por el regreso del hermano, no se puede borrar las pérdidas. Las palabras finales del padre son: “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado” (v. 32). Las palabras “era necesario” correctamente comunican el sentido del verbo griego. El padre arguye que de acuerdo con la situación, la alegría es por completo correcta. “Porque tu hermano,” dice el padre, “estaba casi muerto para ti; lo habías perdido.” Pero ahora “tu hermano” está “vivo” y es “hallado”—es decir, él es otra vez parte de tu vida. Pareciera innecesario decir que ésta es una súplica al amor fraternal, pero lo es. De hecho, al referirse a su hermano, el mayor lo había llamado “¡este tu hijo!” y lo había condenado vigorosamente porque él había “consumido tus bienes con rameras” (v. 30; letra itálica añadida). Pero ¿cómo sabía él de las rameras? ¡Ni siquiera había hablado con su hermano! Su actitud para con su hermano extraviado es de juzgar severamente. Piensa lo peor de él y no tiene nada de afecto de hermandad. ¡Aun ni quiere llamarlo “mi hermano”! Las palabras del padre, “tu hermano,” amablemente le recuerdan de este hecho básico. Lo que tristemente le hacía falta al hermano mayor era el sentimiento natural de alegría que debe venir—no solamente por recobrar a un hijo—sino por recobrar a un hermano también. En la parábola misma, éste era en realidad su único hermano. Cuán feliz debió haberse sentido al ver de regreso este hermano a ser parte de su vida, tal como su padre lo estaba al verlo regresar a su vida. ¡La alegría era, después de todo, la reacción verdaderamente natural para los dos ante un evento de tal magnitud!
Debemos Compartir el Gozo de Nuestro Padre. El Apóstol Juan nos ha recordado que “tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (I Juan 4:21). Inmediatamente después dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido. engendrado por él” (5:1). Si un cristiano ama realmente a su Padre celestial, él también amará a su hermano en Cristo, a quien reconoce como tal—no por su vida de obediencia—sino por su fe en Cristo para vida eterna. Si hay amor en el corazón del creyente para el Engendrador divino y para el Hijo engendrado, él naturalmente experimentará gozo cuando un hermano extraviado regresa al rebaño de Dios. Y al experimentar ese gozo, él “entrará en” el mero gozo de Dios mismo. O, en otras palabras, él participará de la fiesta. La historia del hermano que se creía justo, hermano del hijo pródigo, nos da una lección saludable. Aun aquellos que permanecen en la comunión cristiana pueden llegar a estar tan lejos del corazón de Dios que pierden “la fiesta de gozo” de Dios cuando un caído regresa al 4 redil. Pero el mismo Padre lleno de gracia quien da la bienvenida a sus hijos e hijas pródigos de regreso a casa, también urge a sus hijos que se creen muy justos a ablandar sus corazones y unirse a la celebración.
Muchos de nosotros convivimos en medio de congregaciones donde existen personas que han permanecido por años en ellas, algunos han llegado a puestos de liderazgos, pero constantemente se debaten en celos y contiendas con otros hermanos u otros lideres de otras congregaciones, además de juzgar permanentemente a sus hermanos hasta por los mas pequeños detalles, cual será entonces el origen de esta conducta?, será mas importante el tiempo que han permanecido en la congregación local, o que su relación con sus hermanos sea basada en el amor de Dios?
Recordemos un ejemplo de esta conducta, en la mostrada por el hermano mayor del hijo prodigo, leamos:
Lucas 15: 25 »el hijo mayor estaba en el campo. Al regresar, cerca ya de la casa, oyó la música y las danzas; 26 y llamando a uno de los criados le preguntó qué era aquello. 27 el criado le dijo: “tu hermano ha regresado y tu padre ha hecho matar el becerro gordo por haberlo recibido bueno y sano”. 28 entonces se enojó y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrara. 29 pero él, respondiendo, dijo al padre: “tantos años hace que te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”.31 él entonces le dijo: “hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son tuyas. 32 pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado”».
(En este momento aflora su celo ante la demostración de alegría de su padre por la llegada de su hermano). (Le tira en cara a su padre su fidelidad, basada en su sacrificio personal por permanecer junto a el, siendo en su concepto un excelente hijo, pero le demuestra su descontento por no haber recibido retribución alguna por su decisión). (Sus palabras encierran un tono despectivo y juzgador de su hermano). (El padre le indica cual debe ser su verdadera actitud en amor hacia su hermano que ha regresado por misericordia)
Nos enseña esta parábola el sentido real del ser hijo de Dios, no se basa en una competencia por presentarse como el mejor, el mas obediente, el mas correcto a los ojos de Dios y la congregación, por que esta imagen es echada por tierra frente a la falta de cariño y estima por nuestros hermanos.
Santiago 3: 13 ¿quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14 pero si tenéis celos amargos y rivalidad en vuestro corazón, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. 15 no es esta la sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica, 16 pues donde hay celos y rivalidad, allí hay perturbación y toda obra perversa. 17 pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. 18 y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

*** Se nos hace una pregunta te cree sabio, mas bien crees que vives adecuadamente, crees que vives haciendo lo correcto, te crees entendido, que en tu concepto has llegado ha entender la vida como cristiano, bien entonces si es así demuéstralo a través de tus actos, en una adecuada mansedumbre, no iracundo, no pierdas los estribos, manso, que es una actitud adecuada y sabia.***
*** Pero si hay al contrario tu vida es una competencia, para decirle a papa, hey aquí estoy, me estoy portando mejor que mi hermano, yo soy el number one, así es que no escuches ni, te fijes en este otro, por que no vale la pena…pero esta no es la realidad de cómo es un hijo de Dios, que debe ser de amor y preocupación de a su hermano, recordemos a Caín y a su asesinado hermano Abel
Génesis 4:9 “entonces Jehová preguntó a Caín:–¿dónde está Abel, tu hermano? Y él respondió:–no sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? “***
*** Cuidado si vivimos de esta manera, on my way, a mi forma, ella no se fundamente en la palabra, mas bien es una actitud antagónica, como la que viven millones en este mundo, los cuales no conocen a Dios, es una vida bestial, sin razón, listos para despedazar a quien se nos cruce en frente, luego es la vida que desea nuestro enemigo, nuestro adversario, el diablo, que vivamos***
*** Juan 10:10 “el ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Así es el ladrón, el adversario (diablo) el interesado en destruir nuestra vida, nuestra familia, nuestra congregación***
***pero la obra de Dios en nuestra vida se demuestra, en la pureza, sin aditivos de pensamiento humano ni tradiciones, en las adecuadas relaciones, basadas en amor, respeto y empatia, sin dobleces, sino con claros principios de vida, sin mascaras, ser genuinos, trasparentes***
*** Y esta vida justa debe ser enseñada en paz, en tranquilidad, para aquellos que quieren y siguen la paz***.
El final abierto de la historia y el cuadro de Rembrandt, me sitúan ante el trabajo espiritual que tengo que hacer. Cuando observo la cara iluminada del hijo mayor, y después sus manos oscuras, percibo su cautividad pero también percibo la posibilidad de liberación. Ésta no es una historia que separe a los hermanos en bueno y malo. Sólo es bueno el padre. El quiere a los dos hijos, corre al encuentro de los dos. Quiere que los dos se sienten a su mesa y participen de su alegría. El hermano menor se deja abrazar por su padre que le ha perdonado. El hermano mayor se queda atrás, mira el gesto misericordioso de su padre, y no puede olvidarse de la ira que siente y dejar que el padre le cure también.
El amor del Padre no fuerza al amado. Aunque quiere curarnos a todos de nuestra oscuridad interior, somos libres para elegir permanecer en la oscuridad o caminar hacia la luz del amor de Dios. Dios está allí. La luz de Dios está allí. El perdón de Dios está allí.

El amor sin fronteras de Dios está allí. Lo que está claro es que Dios siempre está allí, siempre dispuesto a dar y perdonar, independientemente de lo que nosotros respondamos. El amor de Dios no depende de nuestro arrepentimiento o de nuestros cambios.

 

 

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