LOS HIJOS NO SON LA RAZÓN DEL MATRIMONIO

madre“Él hace habitar en familia a la estéril”. Salmo 113:9.

Hace pocos días, recibí una carta de una joven de un país latino­americano. Me contaba que quiere casarse, pero que está angustiada y con mucho desánimo porque, como consecuencia de una enfermedad congénita que padece, nunca podrá tener hijos. En uno de sus párrafos, me dice: ”Ningún varón que conozco querrá casarse con una mujer estéril. Así que, estoy condenada a quedarme soltera”.

Cuando leía, pensaba: ¿Cómo es posible que este tipo de pensamiento aún exista en nuestro mundo, cuando estamos en pleno siglo XXI?

La verdad es que aún muchas culturas “cristianas” siguen manteniendo un concepto que no tiene fundamento bíblico ni lógico. Se supone que la única razón por la que existe el matrimonio es para formar una familia. Una mentira, por mucho que sea repetida un millón de veces, no se convierte en verdad. Y el concepto de que el matrimonio existe para tener hijos como única razón es, simplemente, un engaño creado por quienes han interpretado el cristianismo a partir de una cosmovisión no cristiana, que ve a la sexualidad con sospecha. Por eso, ha creado un concepto que “justifique” la vida sexual de algún modo. De allí el surgimiento de un mito extraordinariamente difundido, pero no por eso menos mentiroso. Los matrimonios no son agencias productoras de hijos. El matrimonio existe antes de que lleguen los hijos y debería seguir existiendo una vez que los hijos se vayan.

Por otro lado, si algún matrimonio no tuviera hijos por alguna razón física que invalida o por mutua elección, de acuerdo con el parámetro mitológico deberían dejar de ser matrimonio y deberíamos aceptar lo que se toleró e impulsó en la Edad Media: el divorcio por esterilidad.

El matrimonio existe porque los seres humanos necesitan, por diseño divino, a otro ser humano que sea su compañero o su compañera. Los hijos son un agregado bendito al matrimonio, pero no el constituyente básico. De hecho, los hijos no son la razón de ser del matrimonio como institución. Son un medio creado por Dios para ayudarnos a ser formados en nuestro carácter y para poder entender, en parte, lo que significa lo que Dios hace por nosotros.

¿Estás convirtiendo a tus hijos en el centro de tu vida, dejando a un lado a tu esposo? ¿Estás haciendo que tus hijos se conviertan en la razón de ser de tu matrimonio, aún al grado de descuidar a tu cónyuge?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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