LLEVAR LOS PANTALONES EN CASA

pantalones“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. Gálatas 5:1

Cuando estaba recién casado, en cierta ocasión un anciano quiso darme algunos consejos (que yo no le pedí). Sin rodeos, me dijo que el que “debía llevar los pantalones en la casa” era el varón, y que la mujer respondía mejor cuando se la dominaba y se aprendía a mandarla para que obedeciera sin chistar. Lo escuché por un rato, y cortésmente le dije no estar de acuerdo, aunque le agradecía su preocupación. Él me miró sorprendido, y me dijo:  -Vas a ser un pollerudo. Me reí divertido, y le dije que un matrimonio mejor no es aquel en el que el varón manda y la mujer obedece sino aquel donde marido y mujer se influyen mutuamente y potencian su relación de tal forma que uno sea ayuda por el otro.

Lamentablemente, la cultura sudamericana y mundial enseña que el varón es aquel que toma las decisiones y la mujer la que sumisamente debe obedecer, todo lo cual no es más que una evidencia de la sagacidad de Dios, al advertir a la mujer lo que ocurriría como consecuencia del pecado, que los varones se enseñorearían de la mujer.  El plan de Dios es que salgamos del pecado, Cristo rompe las ataduras de maldad que existen como consecuencia del pecado. Eso incluye “pregonar libertad a los cautivos” y otorgar “libertad a los oprimidos” (Lucas 4:8), y ciertamente muchas mujeres viven cautivas y oprimidas por una sociedad que ha construido mitos para mantenerlas como subhumanos o personas de segunda categoría. La salvación tiene dos dimensiones: lo que Dios hace por nosotros en el magnífico sacrificio obrado a nuestro favor por Jesús en la cruz; pero, también tiene una dimensión horizontal, que se relaciona con nuestra respuesta frente a las demás personas una vez que hemos conocido a Cristo. Puedo entender que un varón que no conoce a Cristo trate a su esposa como si fuera dueño de su conciencia y de su cuerpo. Pero no puedo admitir como válido el que muchos se llamen cristianos y traten a sus esposas como si fueran personas incapaces de pensar por sí sismas, y con incapacidad para tomar decisiones válidas. Ese espíritu no corresponde a un cristiano sino a un “lobo vestido de oveja”. Cuando el evangelio es incorporado en la vida, necesariamente tienen que cambiar las estructuras opresivas y esclavizantes, que lo único que hacen es degradar al ser humano y convertirlo en una sombra de lo que Dios creó.

¿Tratas a tu esposa como una persona digna e hija de Dios? ¿Entiendes que tu rol, como varón, no es mandar sino colaborar? ¿Se siente respetada tu esposa?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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