Libre opinión – Parte 13

opinion“He temido declararos mi opinión”. Job 32:6.

Hay actitudes que simplemente no las puedo entender y menos aceptar. Me resulta difícil comprender cómo algunas personas casadas -supuestamente por amor- pueden actuar del modo en que lo hacen.

 En muchas oportunidades he escuchado a varones y a mujeres que tienen miedo de expresar sus opiniones a su cónyuge, por temor a sus reacciones.

 Esa actitud no solo es infantil sino también revela un alto grado de deterioro en la relación de la pareja. Los miembros de una pareja sana dicen claramente lo que piensan cuando algo no les parece correcto. No se privan a sí mismos de ser auténticos con su propia conciencia o su sentido común.

Cuando en el interior de una pareja se autocensuran para no hablar, se está a un paso del descalabro. Vivir en pareja significa abrir espacios de convivencia que, entre otras cosas, permita ejercer el derecho a la libre opinión.

Cuando una persona se me acerca y le digo:

-Dígale a su cónyuge lo que piensa. No se reprima de decir lo que cree. Si se abstiene de manifestar su molestia frente a algo que no le gusta, simplemente, se estará anulando a sí mismo.

 La reacción, en muchos casos, es sostener frases como las siguientes:

-Es que usted no lo(a) conoce; no le va a gustar.

-Es que no es capaz de recibir una opinión que lo/a contradiga.

-Es que simplemente tengo miedo y prefiero no enfrentarlo(a).

 Todas estas frases, dichas en distintos tonos y con diferentes palabras, esconden una realidad: Cuando no podemos opinar lo que queremos, el matrimonio no existe. No es posible una relación conyugal sin libre expresión. Un matrimonio implica y supone un ambiente donde yo no tenga temor de decir lo que siento o lo que creo. Obviamente, en el tono y el volumen que corresponde.

Dios nos ha dado el derecho a la libre conciencia y, por ende, a la posibilidad de ejercer el derecho a la libre opinión. Cuando en un matrimonio eso no existe, estamos ante la presencia de una dictadura, y no de una relación de pareja. Lo que es contrario a la voluntad de Dios, porque no nos diseñó para ser sometidos.

¿Eres consciente de que si tu cónyuge tiene temor de decirte algo, tú tienes la culpa en parte? En tu relación de pareja ¿existe el derecho al ejercicio de la libre opinión?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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