LAS TRECE TRIBUS DE ISRAEL

hijas“Después dio a luz una hija, y llamó su nombre Dina”. Génesis 30:21

Seguramente al ver el título de la reflexión de hoy, alguien supondrá que hay un error, pero no; ha sido escrito a propósito. Solemos hablar de los doce hijos del patriarca, pero ese es un error; Israel tuvo trece hijos; solo que la historia recuerda exclusivamente a doce, y Dina es recordada por un incidente penoso de estupro y sangre. De no ser por esta situación lamentable, es probable que se la recordaría eufemísticamente como a las hijas de otros personajes bíblicos, de los cuales se dice simplemente: “tuvo muchas hijas”.

Dina fue víctima de un sistema en el que la mujer no era considerada como un ser digno de ser mencionado en una narración histórica, y en la práctica no tenía derechos consuetudinarios. Simplemente, por ser mujer, no podía heredar y tenía que conformarse con ser propiedad de su padre y luego propiedad de su esposo. No había otra posibilidad.

Hay, lejos de esta situación, hay hechos que se siguen repitiendo. La mayoría de las familias espera que su primer hijo sea varón, no una nena. Se cree que, de esa manera, los demás hermanos tendrán mejores opciones en caso de no estar los padres. Muchos creen que las mujeres no deben aspirar a otra cosa que no sea a ser madres y amas de casa. Se espera que se conformen con un rol secundario, sin hacer sombra.

Los cristianos deberían ser pregoneros de la libertad y de los derechos de los seres humanos. Lamentablemente, muchos miran con sospecha  toda mujer que no quiera someterse obedientemente a su esposo o sostienen, aun torciendo las Escrituras, que ninguna mujer debe aspirar a tener algún tipo de liderazgo espiritual. Lo único que se logra con dicha formación es que más mujeres miren con recelo a Dios y tengan deseos de alejarse de congregaciones donde son tratadas como personas de segunda categoría. De hecho, muchas mujeres que podrían ser un gran aporte para la causa del evangelio simplemente se alejan porque tienen que elegir entre ser tratadas como dignas o como seres inferiores.

Dios ideó un diseño en el que varón y mujer se entenderían como dignos. Nunca soñó con una sociedad en la que unos osarían creer que, en virtud de su sexo, estarían en mejores condiciones de gobernar y liderar, aun a sus esposas. Si alguien cree que eso es consecuencia del pecado y que es una condición que no se puede cambiar, finalmente no entendió que en Cristo son cambiadas todas las cosas. En Jesús, se vuelve a los ideales del Edén, no mañana, sino a partir del momento en que él interrumpe en la historia. Quien crea lo contrario, no entiende el significado de lo que Jesús afirmó al sostener: “El reino de Dios ha llegado” (Luc. 11:20), no en el futuro, sino en el hoy de su presencia.

¿Entiendes las implicaciones de que, en Cristo, son hechas nuevas todas las cosas?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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