LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

pecado originalLas interpretaciones de la Biblia y el sentido teológico asignado al cuerpo humano influyeron notablemente en la relación entre los varones y las mujeres en el mundo occidental, impactado por el cristianismo posbíblico. Por ejemplo, los primeros padres de la iglesia, siguiendo una interpretación dualista, supusieron que la erección masculina era la esencia del pecado; y la mujer, como su fuente, llegó a ser la causa, objeto y extensión de lo pecaminoso.

Esta interpretación dualista, que se sostenía sobre la base de la separación del cuerpo y el alma, convirtió a la relación entre los sexos en una relación de sujeto-objeto, en el cual la mujer, como el “sexo objeto”, fue utilizada -literalmente- solo por lo carnal, desconociendo en ella cualquier otra cualidad distintiva. Su función fue utilitaria: solo producir y criar hijos.

Basta con abrir cualquier libro de historia para darse cuenta de que esta situación ha sido repetitiva, confirmando la descripción que hizo Dios de lo que habría de ocurrir como consecuencia del pecado.

El varón y la mujer -en la perspectiva de Dios- han de relacionarse de tal modo que ambos sean complemento para el otro. En ningún caso se debe suponer que uno u otro sexo sea superior al otro. Dicha interpretación solo lesiona una relación que ya de por sí resulta compleja por el mero hecho de ser dos personas de sexo diferente.

Mujer y varón son las dos caras de la misma moneda: la humanidad. Ambos fueron creados por un Dios que consideró que la humanidad debería tener dos voces, para expresar de manera distinta la expresión de su amor. La pareja humana es la muestra patente de que Dios se complace en la diversidad, y en ningún caso eso supone desmedro de uno en relación con el otro. Suponerlo sería seguirle el juego al enemigo de Dios, que continuamente gana desfigurando el carácter y la personalidad del Ser divino.

Si el varón y la mujer se entienden como parte de un plan creado por un ser infinitamente superior, como es Dios, se asignarán uno al otro un significado que es propio de un contexto con sentido y lógica. Sin Dios, la relación humana se vería convertida en un subproducto de un proceso evolutivo, que también carecería de lógica en muchos aspectos.

¿Cómo se tratan como pareja? ¿Entienden que ambos son parte de un plan divino perfecto en su formulación y su propósito? ¿Cómo debería influir esta idea en tu matrimonio?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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