La vía de los acuerdos

acuerdo“¿Andarán dos juntos, si no estuvieran de acuerdo?” Amós 3:3.

Suele enseñarse que cuanto más parecida es una pareja más probabilidades hay de que tenga éxito. Sin embargo, los estudios demuestran lo contrario; aun la psicología popular enseña que “los polos opuestos se atraen”. La verdad es que las diferencias de gusto, personalidad y habilidades es lo que da ecuanimidad a la pareja.

Sin embargo, no pueden sustentar su equilibrio solo sobre sus diferencias; es preciso añadir un elemento más: “los acuerdos”. Un acuerdo es un compromiso en el que dos partes, que tratan asuntos en un plano de igualdad, deciden una vía de acción que satisface a ambos. Nunca un arreglo se alcanza sobre la base de imponer al otro un criterio incuestionable. Eso no es convenio, sino arbitrariedad.

Cada persona tiene habilidades únicas. Dichas características personales deberían potenciar la relación, dándole a la pareja la posibilidad de disfrutar de las fortalezas del otro. Sin embargo, muchos matrimonios suelen elegir dos vías de acción: por un lado, están los que viven en una constante lucha de fuerzas, para ver quién gana.

Dichas personas suelen traer a su hogar disputas, rencillas y agresiones, que hacen de dicha relación algo muy difícil de sobrellevar. Otros escogen la vía de la imposición, en la que uno de los dos, habitualmente el varón, toma las decisiones por ambos. En ese caso, la mujer suele ser simplemente un peón que es manejado a discreción, sin posibilidad de decidir y sin la más mínima opción de escoger por sí misma. Lamentablemente, esta última elección es más común de lo que quisiéramos. Millones de seres humanos han visto sus vidas anuladas por la manera en que son tratados en el interior de sus hogares.

¿Qué declaró Dios para las parejas? Dios creó al varón y a la mujer en igualdad de condiciones frente a él. Con las mismas opciones y las mismas oportunidades. Tanto el varón como la mujer recibieron el privilegio de sojuzgar la tierra. Ambos fueron bendecidos con la paternidad y a ambos se los declaró moralmente responsables de sus acciones.

Hablar de subyugación y sometimiento viola la intención divina original, e introduce un elemento de discordia, frustración y tristeza en la relación matrimonial. Lo que vale es la vía de los acuerdos. Varón y mujer, en la misma dimensión de equilibrio mutual, deciden qué es mejor para sus vidas, y actúan con respeto y dignidad, cuidándose mutuamente, en una relación en la que priman el amor y la bondad. Ese fue el propósito original de Dios. Cualquier conducta distinta es dañar los propósitos iniciales del Creador.

¿Están siguiendo la vía de los acuerdos? ¿Se respetan mutuamente, al grado de aceptar de buena gana que uno y otro se potencien mutuamente sobre la base de sus dones y talentos naturales?

Diseñados para amar , Miguel Ángel Núñez

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