LA REALIDAD QUE NO SE HABLA

pareja problemasHace algunos años, a Mery y a mí nos invitaron a una reunión de universitarios. Habían invitado también a otros matrimonios. Circunstancialmente, éramos la pareja que llevaba menos tiempo de casados. Nos sentaron a todos por orden de “supervivencia”. Es decir, desde los que llevaban más tiempo casados hasta los que recién nos iniciábamos.

El que dirigía comenzó a hacer preguntas a los matrimonios, comenzando por una pareja de ancianos que estaba en el extremo opuesto de nosotros. Preguntó sobre el significado del matrimonio y qué sentían por la persona con la que se habían casado. A medida que iban hablando las parejas, yo me iba poniendo nervioso y me movía de un lado a otro en mi silla, impaciente.

Cuando llegó nuestro turno, Mery me cedió el micrófono. Tal vez para tener más espacio a fin de darme un pellizcón o un codazo en las costillas para hacerme entrar en vereda… cosa muy común en esa época en la que aún no había inventado esas miradas de hielo que literalmente me dejan helado.

Miré a todas las parejas, luego al joven que esperaba mi respuesta, y dije:

  -Yo no sé en qué mundo han vivido las parejas que nos precedieron. No dudo de que sus matrimonios sean buenos. Pero lo han presentado como si todo fuera miel sobre hojuelas. Así que, los admiro, porque en realidad no sé cómo lo hacen. Mi realidad es distinta, completamente diferente.

A continuación, miré fijamente a Mery y luego a la concurrencia, y señalándola dije:

  -Amo entrañablemente a Mery, pero permítanme decirles que en estos años que llevamos de casados he querido estrangularla más de una vez.

Los jóvenes que escuchaban soltaron una carcajada. Las parejas que habían hablado antes se quedaron mirándome muy serios, como diciendo:

  -¿De qué estás hablando? Vas a desanimar a la concurrencia.

Mery no me dio un codazo, porque estratégicamente me puse fuera de su alcance. Pero, creo que allí comenzó con esas miradas de hielo. Quien diga que el matrimonio es todo el tiempo comer manjares sobre galletas, simplemente, no entiende de qué se trata. Amamos, pero eso no significa que no existan desavenencias. Nos gusta estar con nuestra pareja, pero hay veces en las que simplemente nos parece insoportable. Nos gusta su compañía, pero en ocasiones quisiéramos estar completamente solos. Eso es normal.

¿Estás idealizando tu relación al grado de perder objetividad?

 Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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