LA INFANCIA NO ES UN DESTINO

resilienciaLa resistencia de los cuerpos físicos es relativa. Unos soportan más y otros menos. Un objeto puede tolerar el fuego, pero al mismo tiempo ser vulnerable al frío. Por otro lado, los cuerpos físicos tienen una cierta elasticidad a los golpes. Unos aguantan mejor que otros. A ese concepto, los físicos lo llaman resiliencia.

La misma idea se ha aplicado a seres humanos. No todos pueden padecer de la misma forma los embates físicos y emocionales que les toca enfrentar. Resiliencia es, en este sentido, “la capacidad para triunfar, para vivir y desarrollarse positivamente, de manera socialmente aceptable, a pesar de la fatiga o de la adversidad, que suelen implicar riesgo grave de desenlace negativo”.

En ocasiones actuamos como si todos debiéramos tener la misma fuerza de voluntad que personalmente tenemos para relacionarnos con nuestra realidad. Pero, no es así; no todos tenemos las mismas capacidades ni habilidades para desenvolvernos del mismo modo.

Un buen matrimonio es aquel en el que el que tiene más resistencia en algún aspecto es capaz de ayudar al otro que, en esa cuestión particular de la vida, tiene menos. En otra ocasión, los papeles se invertirán, y el que en otro momento ayudó se dejará ayudar en aquello en que es menos hábil y resulta más débil.

El problema se vuelve complejo cuando ambos tienen la misma debilidad en algún sentido; entonces, no pueden ser de ayuda uno para el otro de manera equilibrada.

Las personas forman sus capacidades para enfrentar positivamente su existencia a pesar de las circunstancias adversas. El momento en que esto ocurre, es a menudo, en la infancia. En la niñez se escribe el destino. La capacidad de salir airoso de situaciones conflictivas en la niñez se relaciona fundamentalmente con la ayuda que le otorgan al niño las personas adultas que están a su alrededor. Si los adultos actúan como entes contenedores y ayudan al infante a elaborar positivamente lo que ha experimentado, es probable que de adulto esté más capacitado para vivir. De otro modo, los problemas de la niñez estarán latentes el resto de la vida.

No significa que la niñez es determinante; sin embargo, crea condiciones que hay que tener en cuenta a la hora de relacionarnos con otras personas. Nunca es fácil salir de un pantano; pero, una vez que se sale, se está mejor preparado para atravesar por la misma experiencia o para ayudar a otros a salir de la misma situación.

¿Entiendes la importancia de tu infancia en la conformación de tu matrimonio? ¿Eres consciente de qué aspectos son débiles y cuáles son fuertes en tu vida?

 Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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