La iglesia, la esperanza del mundo

reconciliación“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo en Cristo; y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomando en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo…”  2 CORINTIOS 5:17-19

Un dicho muy difundido dice que “la esperanza es lo último que se pierde”. Sin embargo, en estos tiempos que corren la esperanza se diluye detrás de ilusiones rotas, sistemas que caducan y en aquello que al principio pareciera ser la solución definitiva para la gente, pero luego se esfuma como una burbuja. “Bramaron las naciones, titubearon los reinos”, dice el Salmo 46:6.

Las crisis aumentan. ¿Cuál es entonces el destino para una humanidad que se autodestruye? Hace algunos años se acuñó la expresión “el fin de las utopías”. El concepto utopía se refiere al proyecto o sueño de un mundo ideal que se presenta como alternativo al existente. Otra decepción, luego del fracaso del comunismo al cabo de 70 años, es el terrible destino de individuos y generaciones enteras que lucharon por cambiar el mundo y no lo lograron.

Después del sueño, la ilusión, la utopía viene el desencanto, el vacío. ¿Hay esperanza aún para el mundo? A través de la historia ha sido comprobado que la Iglesia del Señor es un fuerte refugio para las naciones. Cuando Pedro presentó su famoso discurso en Pentecostés, se encontraban presentes representantes de numerosas naciones (Hechos 2:9-11) y de ellos se convirtieron a Cristo ¡unas 3.000 personas!, cuando la Iglesia era solo un pequeño grupo de 120. A partir de allí, el mundo fue lleno del Evangelio. Sería muy extenso hacer aquí un repaso de la historia, desde el ministerio de Pablo y el de tantos otros cristianos durante más de 2.000 años.

La Iglesia hoy continúa siendo la esperanza del mundo, el conjunto de personas que habitan el planeta tierra. Individuos, hombres, mujeres, niños y adultos por quienes Cristo dio su vida. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19).

Un concepto a superar es aquel que iguala iglesia y templo. Un templo, salón o parroquia es el lugar habitual de encuentro de aquellos que conforman una iglesia. Iglesia es, primariamente, el conjunto de los creyentes en Jesucristo unidos por el Espíritu Santo. Una descripción adecuada de la Iglesia y su accionar la hallamos en Hechos 2:42-47, entre otros textos.

¿Hay algo que nosotros podamos hacer? Ciertamente. Tal vez esta sea la hora 23:59 antes de que Cristo regrese a buscar a su Iglesia y como Pedro, llenos del Espíritu Santo, salgamos a predicar la siempre viva, eficaz y poderosa Palabra de Dios, por todos los medios y recursos disponibles. Hay esperanza para el mundo en Jesucristo y su Iglesia.

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