LA HISTORIA QUE NO DEBERÍA EXISTIR

infibulación“Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios”. Cantares 2:16

Parece mentira, pero hoy en día persisten, en nuestro mundo, algunas costumbres bárbaras que no hacen más que traer dolor y sufrimiento a cientos de miles de personas. Se calcula que, cada minuto, 4 niñas menores de 15 años son sometidas a una ablación de clítoris. Alrededor de 137 millones de mujeres, en todo el mundo, han sido mutiladas de esta manera. La circuncisión femenina abarca desde la ablación del clítoris hasta la extirpación total de los órganos genitales externos de la mujer, hecho que ocurre en más de 30 países en las más precarias condiciones de higiene, y utilizando instrumentos rudimentarios y no aptos, como un casco roto de botella, el borde afilado de una lata o una hoja de afeitar.

Todas las mujeres a las que se les ha practicado la clitoridectomía (Extirpación del clítoris) están impedidas de tener satisfacción sexual. Muchas de ellas, además de esta macabra práctica, se ven sometidas a la infibulación, que es el cosido y cerramiento casi total de los labios mayores y minores de la vulva. Eso se lleva a cabo con materiales de los más diversos y horribles: fibras vegetales, alambre, hilo de pescar, hilo común, etc.

Lo más dramático de esta práctica horrenda es que muchas mujeres lo ven como algo normal de su entorno; incluso ellas mismas se lo practican a sus hijas sin ninguna consideración por el dolor que hayan de sentir. Es aceptado como un elemento adecuado para insertarse en la sociedad.

Lo que hay en el fondo es una situación de total discriminación hacia la mujer, a la cual no se la considera apta para tener goce sexual. De hecho, se considera que el placer es sola y exclusivamente un asunto de varones.

En las sociedades occidentales, en general, no existe esta práctica tan común en África, Asia e India; sin embargo, aún hay hombres que siguen sosteniendo que la mujer está al servicio del placer del varón. Dicho concepto se considera normal en una cultura machista y se defiende incluso como si fuera una verdad bíblica.

Lo asombroso, cuando se lee el libro de Cantar de los Cantares, es que la mujer reclama para sí los mismos derechos de placer que el varón. De hecho, se refiere a la sexualidad con total naturalidad, sin atavismos ni prejuicio de ningún estilo.

La mujer dice, por ejemplo: “¡Qué hermoso eres, amado mío, qué dulce eres! Frondoso es nuestro lecho (Cant. 1:16) “Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios”. (Cant. 2:16).

¿Entiendes que varón y mujer tienen los mismos derechos?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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