LA GALLINA O EL HUEVO

pollino huevo“Varón y hembra los creó”, a su imagen. Génesis 1:27.

Un argumento que suele darse en contra del liderazgo femenino es que habitualmente los varones se destacan más que las mujeres en dicha actividad. En un argumento absurdo, suele decirse que si hubiese más mujeres que “naturalmente” pudiesen liderar, se podría pensar en la posibilidad de que ellas asumieran una posición de liderazgo.

Lo que no alcanzan a percibir quienes usan este argumento ilógico es que la situación misma de la mujer a través de la historia y el reforzamiento sistemático de los varones como líderes favorecen el que la mujer crezca creyendo que ella no es capaz de ser líder.

La creencia en la inferioridad natural de la mujer y su supeditación al liderazgo varonil influye sutilmente en el desarrollo de las mujeres. Es innegable que la visión que se transmite de la mujer incide sobre la percepción que las mujeres tienen de sí mismas.

Nos cuesta entender y aceptar que nuestra cultura se ha construido sobre una ideología que, en esencia, ha juzgado a la mujer y a lo femenino con desdén, transmitiendo la imagen de que el varón es esencialmente superior en todo. Este concepto permea la cultura, la tradición, la religión y, evidentemente, llega hasta la vida matrimonial y a la pareja.

Muchas mujeres sienten que cuando puedan casarse serán plenas como personas. Sienten que mientras sean solteras serán miradas con recelo. De hecho, si una mujer llega a los 30 años sin casarse -en la mayoría de los países latinos- será considerada una “Solterona” y sufrirá presiones para que se case. Sin embargo, si un varón llega a esa edad soltero, seguramente, seguirá viviendo con sus padres y nadie hará una alharaca porque no se casa. Probablemente su madre dirá condescendiente:

“Es que aún no ha llegado la mujer capaz de impactarlo”.

Poniendo, de paso, en la mujer la responsabilidad de “impactar” a su hijo. No se les ocurrirá pensar que es un “solterón” empedernido; porque, de paso, se pensará que él se podrá casar cuando quiera… no como la mujer, cuando “pueda”.

Solo cuando entendamos que el varón y la mujer fueron creados a imagen de Dios, con la misma dignidad y valor, y cuando tratemos lo femenino como una parte esencial de la humanidad, y que su presencia no solo dignifica a la raza humana sino también la hace fundamental empezaremos a mirar con esperanza el matrimonio. Antes -en un esquema patriarcal y dominante- será simplemente una perpetuación de valores contrarios al diseño de Dios, que pensó en algo diferente de lo que hemos construido.

¿Estás tratando a tu esposa, a tu hija y a la mujer en general como si fueran imagen plena de Dios?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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