LA FUERZA DEL CAPRICHO

ciegoEl capricho da una fuerza extraordinaria a la personalidad. Se está dispuesto a pelearse con quien sea con tal de que lo que se espera se cumpla tal como uno aspira. Sin embargo, el capricho que da tenacidad y porfía también enceguece, haciendo que las personas caprichosas se conviertan en individuos ciegos a su verdadera realidad.

Uno de esos caprichos famosos fue Sansón. Nacido para iluminar, se convirtió en una triste caricatura de lo que podría haber sido. Algunas características presentes en este hombre, y que están también activas o latentes en muchas personas hoy, son:

Los caprichosos no aceptan consejos. Los padres de Sansón intentaron hacerlo razonar, pero él se negó. Hoy, hay muchos que actúan como si no necesitaran de nada ni de nadie; solo se bastan a sí mismos.

Los caprichosos están llenos de orgullo. Cuando una persona es orgullosa, se vuelve temeraria y actúa sin medir las consecuencias de sus actos. Al observar a Sansón, se advierte cómo paulatinamente se arriesga más y más, sin darse cuenta del tremendo daño que se hace a sí mismo y a los demás.

Los caprichosos suelen reaccionar tarde. Es patético ver a Sansón ciego, y siendo lastimado y estando frente a las burlas de sus enemigos. Cuando es llevado hasta los pilares de aquel edificio, es el momento de la reacción, pero en muchos sentidos es tarde.

Muchas personas suelen hundir sus vidas por el capricho. Se dejan llevar tercamente, sin dar lugar a la crítica y el análisis. Consideran que tienen razón, y no están dispuestos a examinar lo que han hecho a la luz de la experiencia de otros, ni de la voz de Dios.

Lo trágico de muchas parejas es que al no admitir la posibilidad de estar en error, se hunden más y más en su desgracia. Cuando llegan a reaccionar, es tarde. ¿Qué hacer para no caer en esta situación? Hay que cultivar el juicio crítico y la humildad.

Es preciso examinar cuidadosa y continuamente lo que se está haciendo a la luz de un modelo superior; la Biblia contiene un sinnúmero de principios rectores que pueden guiarnos para no cometer errores.

Unido a lo anterior, es necesario tener una actitud de humildad. Sin la mansedumbre adecuada, no se pueden reconocer falencias ni admitir la necesidad de ayuda.

Muchos matrimonios podrían salvarse si uno de los dos, o la pareja, aceptara que tiene un conflicto y que precisa ayuda. El capricho solamente sirve de lastre para la vida matrimonial; ni Dios puede ayudar a un caprichoso.

¿Estás examinando tu vida a la luz de la Palabra de Dios? ¿Estás dispuesto a solicitar ayuda con un espíritu de humildad?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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