La expresión de emoción – Parte 11

llorar“Cuando el arca de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová; y le menospreció en su corazón”. 2 Samuel 6:16.

Llevábamos unos días casados, y mi esposa y yo decidimos ver una película. Ella la escogió. Antes de disponernos a pasar un buen rato juntos, ella me miró muy fijo y me dijo:

 -Miguel Ángel, solo una cosa te pido: no te rías de mí, porque generalmente cuando veo una película lloro.

Sonreí condescendiente, aunque sin entender claramente por qué me decía aquello.

Luego, cuando terminó la película y después de haber gastado una docena de pañuelos desechables, me dio las gracias y me explicó que siempre deseó estar en su propia casa sin tener que tener miedo de que sus hermanos o su padre se mofaran por sus lágrimas, ya sea de alegría o de pena, cuando observaba una película.

A partir de allí, aprendimos juntos a respetar nuestros mutuos sentimientos. Sin juicios, ni presuposiciones, ni actitudes descalificadoras.

Los matrimonios que perduran en el tiempo aprenden a expresar lo que sienten de manera honesta y natural, y dichos sentimientos son validados por el cónyuge.

Un matrimonio deficiente hace todo lo contrario. No es capaz de empatizar con lo que el cónyuge siente; al contrario, continuamente está catalogando su vida emocional como si hubiese una regla expresa que dijera qué es lo que hay que hacer ante determinadas circunstancias.

El respeto a la emoción ajena consiste en aceptar que a todas las personas nos afectan cosas distintas y de diferentes modos. Querer que el otro sienta del mismo modo que nosotros no solo es absurdo, sino también es injusto e ilógico. Todas las personas tienen un derecho inalienable de sentir como deseen, siempre y cuando no afecten con su sentir a otros ni estorben con su derecho el derecho de otro.

Un esposo o una esposa inteligentes desarrollarán la capacidad de sentir junto a su cónyuge. Lo alentarán cuando sea necesario y empatizarán con sus emociones cuando las circunstancias lo ameriten. En ningún caso anularán la emoción del otro ni la calificarán, porque eso lo único que provoca es la inhibición de la vida emocional y, por ende, de la capacidad de ser auténtico y espontáneo. El Síndrome Mical lo viven muchos matrimonios. La tendencia a no entender ni empatizar con las emociones de su cónyuge.

¿Cuestionas los sentimientos de tu cónyuge? ¿Eres consciente de que cada persona tiene derecho a vivir las emociones de distinta forma?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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