LA ENTREGA DE LA NOVIA

padrino“La mujer virtuosa es corona de su marido”. Proverbios 12:4.

 Es verdad que hay algunas prácticas que se realizan por simple tradición, pero es bueno indagar qué hay detrás de esas tradiciones, para que sepamos con total exactitud de qué estamos participando.

Desde tiempos inmemoriales, la mujer ha sido considerada esclava del varón y a la novia comprometida para casarse se la trataba como un bien material. Por consiguiente, el matrimonio no era más que una transferencia de un bien a otro propietario. Algo de eso se refleja en algunas prácticas del Antiguo Testamento, que no son sancionadas por Dios como su voluntad, sino que presentan el mundo circundante en el que le tocaba actuar al pueblo de Dios. En cierto modo, Dios no podía hacer mucho debido a la dureza del corazón de esa gente, que no aceptaba otra opción de vida.

En el mundo moderno esta costumbre ancestral se refleja en la entrega de la novia por su padre. En muchas bodas, el varón se acerca a su futura novia, que viene acompañada por su padre, y la mujer es “traspasada” al novio, como si fuera de allí en más propiedad de otra persona.

Para ser honestos, algunos lo hacen simplemente porque participan de una tradición en la cual no reparan. Sin embargo, desde mi punto de vista, hay un elemento de discriminación hacia la mujer en todo esto.

Es el varón el que tiene que pedir “la mano” de la esposa, nunca se hace a la inversa. El varón es el que toma las iniciativas, en ciertos casos de hoy, en acuerdo con los padres de la mujer y con mínima participación de ella. Y, en la iglesia, esto se ratifica simbólicamente pasando la mujer de un varón (el padre) a otro varón (el esposo).

Dios no desea que se haga discriminación de sexos. El varón y la mujer fueron creados para vivir en mutua dependencia (Efe. 5:21) y para que ninguno fuera superior al otro (1 Cor. 11:11). Es verdad que el pecado trajo aparejada una distorsión de este ideal (Gén. 3:16); pero, con Cristo se volvió a recuperar el plan primero (Gál. 3:28).

Cuando una pareja decide unirse en matrimonio, lo hace bajo un pacto de mutuo respeto. El varón y la mujer son, ante los ojos de Dios, parte de un plan supremo que pretende que los seres humanos alcancen su máximo potencial, y ello se alcanza solamente en el contexto de una relación de mutualidad, donde ambos poseen los mismos derechos y deberes, sin conductas unilaterales, ni subordinaciones, sino en un clima de respeto mutuo, sin condiciones.

¿Estás tratando a tu esposa como una persona digna y un igual? ¿Estás permitiendo que tu esposo anule tu individualidad siendo subordinada?

 Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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