IGUALDAD, NO SUMISIÓN

caminar“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Amos 3:3.

Vivir en pareja es construir un proyecto de vida compartido. No es un plan unilateral, que una parte impone a la otra. Es com­partir la vida y construir juntos el camino por el cual se ha de andar. Cuando una parte le impone a la otra una determinada proyección de vida, la relación deja de ser tal y se convierte en una monarquía o una dictadura.

En el contexto machista, se supone que las mujeres deben bailar al son de la música que el marido compone. Ese esquema de relaciones rompe de plano el significado real de la pareja. Para que una pareja crezca en amor y compromiso, precisa una relación en la que ambas partes participen activamente en un proyecto en el que los dos -de manera igualitaria- tengan voz y voto en términos recíprocos.

Cuando el varón toma las iniciativas y obliga a su esposa a actuar de acuerdo con su propia idea de la vida la relación se infantiliza y se convierte en un vínculo desequilibrado.

Muchas mujeres ven sus vidas profesionales cercenadas por es­posos que consideran que sus vidas y proyectos tienen preeminencia por sobre los de su cónyuge. Ese es nada más y nada menos que un absurdo, porque, al final, tener al lado a una persona frustrada y limitada por falta de desarrollo adecuado es tener a alguien incom­pleto y truncado. Un matrimonio sabio busca un equilibrio entre los deseos personales y los gustos y las aspiraciones del otro.

El egoísmo mata matrimonios como ningún otro mal. Hace que las personas solo piensen en sí mismas, sin ninguna consideración por los deseos y las aspiraciones del cónyuge. En estos años que llevo de ayudar a parejas a encontrar solución a sus problemas, he descu­bierto que, en la mayoría de los casos, quien se va postergando a sí misma es la mujer. Lamentablemente, eso es visto como una cosa normal y común. Pero, aunque lo parezca, es anormal que una per­sona no se desarrolle y vea su vida frustrada simplemente porque sus aspiraciones personales nos son consideradas.

Pasó la época de la esclavitud, al menos, oficialmente; sin embar­go, en muchos hogares se vive, de hecho, una especie de servidumbre en la que millones de mujeres carecen de sus derechos y de la opi­nión.

Un matrimonio solamente funcionará de manera adecuada cuan­do el marido considere a su esposa como a una igual, y viceversa. Cuando dejen de tratarse en un contexto de sumisión y obediencia, que más recuerda a la relación de amo/esclavo que de marido y mujer.

¿Cómo tratas a tu esposa? ¿Qué respondería ella si le preguntára­mos hoy respecto a sus aspiraciones y deseos personales?

 Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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