HABLAR PARA COMUNICAR

conversarEn la época del noviazgo, esperábamos ansiosos que llegara el momento de encontrarnos con nuestra amada. No nos importaba el frío ni las inclemencias climáticas. Cuando debíamos vernos, hacíamos lo posible para no faltar. Y luego, había diálogo, conversación permanente de mil y una cosas. Cada incidente era desentrañado hasta el último detalle. Nos preguntábamos hasta lo más mínimo de lo que nos ocurría. Era un “constante conversar”.

Luego vino el matrimonio y, cuando se supone que habría más tiempo para dialogar con intimidad, sucede misteriosamente algo extraño: muchos dejan de conversar, y sus vidas se convierten en rutinarias y carentes de emoción. Los quehaceres de todos los días llenan su tiempo de tal modo que no hay espacio para hablar de lo realmente importante. Lo trivial llena sus horas. Este el primer síntoma de que el matrimonio está entrando en una etapa de fosilización afectiva que, paulatinamente, puede destruir la relación.

John Powells, psicólogo cristiano, en su libro ¿Por qué temo decirte quién soy? sostiene que existen varios niveles de comunicación: El nivel más común es el de la trivialidad. La conversación gira en torno a asuntos sin trascendencia: el tiempo, los acontecimientos cotidianos, etc. No hay transmisión de sentimientos ni emociones; solo se comunica algo impersonal, que nos demanda el mismo esfuerzo afectivo que tendríamos al conversar con un extraño de algo que, en el fondo, no nos importa.

Un segundo nivel, igual de impersonal, es conversar sobre otros. Es la conversación que gira en torno a chismes de las vidas de quienes nos rodean. En algunos momentos se comunican emociones, pero, en general, es transmisión de informaciones banales. Si no hubiera otras personas, muchos estarían condenados al silencio, pues no tendrían de qué hablar.

Un tercer nivel ligeramente mejor es la comunicación periodística. Se comentan situaciones que van más allá del diario vivir. Acontecimientos nacionales y mundiales llenan la conversación; sin embargo, aun cuando es posible un diálogo en el que existe una gran cuota de emoción e incluso apasionamiento, todavía no se ha llegado al nivel de comunicación profunda.

Un cuarto nivel se refiere a la transmisión y la comunicación de ideas. En este punto, es posible comprometerse afectivamente. Es el nivel de comunicación que tenemos con personas que, de un modo u otro, mantienen una relación filial cercana y ante las cuales no tememos exponer nuestras convicciones más profundas. Sin embargo, aunque este último nivel de diálogo es mejor que los tres primeros, aún no estamos en el ámbito del mejor diálogo. Antes de enunciar qué hacer y cuál es la mejor forma de comunicación, sería interesante que se autoevaluara qué tipo de comunicación se sostiene.

¿Sientes que realmente estás comunicándote con tu pareja? ¿Qué te falta?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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