FANTASÍA Y REALIDAD

¿Con quién me casé?

¿Con quién me casé?

Hay un contraste enorme entre la fantasía y la realidad. Muchos idealizan de tal modo a su pareja que cuando se encuentran verdaderamente con quien va a compartir la vida con ellos enfrentan serias dudas acerca del matrimonio y la pareja. Algunos descubren tarde que se han casado con una persona distinta de la que creían.

Esta situación se produce porque, aunque se ven ciertas evidencias antes del matrimonio, muchos deciden creer que una vez casados eso va a cambiar o va a ser distinto. Otros, simplemente, se niegan a creer en las evidencias que observan.

Las razones del sentimiento de frustración son varias. En algunas ocasiones, se descubren rasgos de carácter que no eran evidentes antes o no les dieron importancia: desconfianza, actitudes de dominación, terquedad, capricho, etc., conductas que van surgiendo y entorpecen una relación. Otros se dan cuenta tarde de que están casados con personas que tienen un nivel distinto de desarrollo y metas muy diferentes, lo que provoca una sensación de fracaso al darse cuenta de que, de un modo u otro, deberán postergar algunos de sus planes o renunciar definitivamente a ellos.

Otros se sienten presionados por lo que se espera de ellos al casarse. Se sienten ahogados por la responsabilidad. Formar un matrimonio es una decisión que radicalmente cambia totalmente nuestras vidas. La tendencia generalizada, en el mundo en que vivimos, es a excusar su decisión y optar por romper la relación e iniciar otra. Una de las razones por las que existen tantos divorcios es simplemente porque las personas se dan cuenta de que la realidad es muy distinta del sueño.

Sin embargo, aunque en algunos casos es posible pensar que la separación es la mejor salida, por ejemplo, cuando descubrimos que nos hemos casado con una persona violenta, con problemas graves de adicciones o con rasgos de personalidad enfermos, en general, el divorcio no soluciona los problemas de fondo.

En parte, el problema es la persona, que tuvo evidencias antes y aun así decidió seguir con aquella relación. Iniciar otra pareja no necesariamente le dará el respiro que necesita; al contrario, es probable que vuelvas a cometer el mismo error.

Ninguna pareja debería romperse sin darse la oportunidad de buscar ayuda que les permita decir: “Al menos, lo intentamos”. Siento que muchos dejar caer los brazos rápidamente y no se atreven a pedir consejo. No hay matrimonios insalvables; solo personas que decidieron no salvarlos.

¿Estás haciendo todo lo posible para salvar tu matrimonio? ¿Has pedido ayuda?

Diseñados para amar de Miguel Ángel Núñez

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