Estar en paz con Dios

shalom “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado

ISAÍAS 26:3

La palabra paz en La Biblia proviene del término hebreo shalom, cuyo sentido es tan amplio que en ninguna otra lengua puede expresarse con un solo concepto.

Originalmente shalom quiere decir “estar completo, estar sano, estar bien en todo sentido, ser próspero y feliz”. Necesitamos esa completa paz de la que nos habla el pasaje de Isaías, paz en nuestro espíritu, en nuestra mente y en nuestro cuerpo.

El Pueblo de Dios ofrecía continuamente sacrificios y ofrendas de paz. La Biblia nos habla de estas ofrendas, tan importantes para Israel, comenzando en Éxodo 20:24 y por más de 70 versículos.

Reflexionemos ahora sobre cómo debería ser nuestro camino para estar en paz con Dios:

l. No nos cansemos de buscar conocer más a Jesucristo. Dice Efesios 2:14: “Jesucristo es nuestra paz”. Invierte tiempo en estar con Él, en estudiar su vida, sus conceptos, sus principios, llena tu mente de ellos; que tus pensamientos perseveren en su persona, imítalo y serás guardado en completa paz.

2. Amemos La Palabra de Dios. Dice el Salmo 119:165: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”. Amar su Palabra es conocerla, obedecerla y practicarla. Aquí el salmista nos está revelando un aspecto clave en la vida de todo hijo de Dios, nuestra paz con Dios está íntimamente ligada al conocimiento y al amor por sus enseñanzas. Disfruta plenamente de Las Escrituras, ellas alumbrarán tu camino para que no tropieces.

3. Afinemos nuestro oído para escuchar a Dios y dejémonos guiar siempre por la paz. Cuando Dios habla nos da un profundo sentido de paz interior. Jesús declaró: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. La paz es la compañera de la verdad, no hagas nada en tu vida si no sientes paz. Deposita tu decisión en el platillo de la balanza donde hay paz, no actúes nunca hasta que esta no equilibre lo que vas a hacer.

4. Procuremos la paz, aun cuando nuestro último recurso, Dios, parece que también desaparece. Hay momentos en nuestra vida donde parece que todo se acabó, que ya no hay solución posible, que las circunstancias nos han superado, incluso el Señor parece haber desaparecido y nos preguntamos: “¿Puedo estar en paz con Dios?” La declaración al final de las historias del “hogar de Betania”, en San Juan 11: “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”, y la impresionante tormenta en el Mar de Galilea que aterró a los discípulos porque el naufragio parecía inevitable, nos ayudan a darnos cuenta de que la paz con Dios solo vuelve a adquirirse a sus pies.

Las experiencias de adoración más profundas nacen a los pies de Jesús en los días más oscuros, cuando el corazón está destrozado, cuando nos sentimos abandonados, cuando ya no tenemos opciones, cuando todos los caminos parecen haber desaparecido y el dolor es enorme. En esa instancia espiritual es cuando aprendemos a pronunciar nuestras oraciones más profundas, auténticas y sinceras a Dios; cuando nuestro corazón llega al final, empieza a recuperar la paz con Dios. Generalmente es allí donde Dios nos habla, donde volvemos a escuchar el “silbo apacible” tan esperado.

Queremos animarte a que si has perdido la paz con Dios, vuelvas a ese lugar de adoración. El Salmo 23:4, que quizás has leído muchas veces, es el resultado de un corazón postrado a los pies del Creador: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

Mirta y Daniel Trovato

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