Esposo según Dios

esposo “Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion”. Jeremías 3:14.

Este es otro de esos versículos extraños de la Biblia. La metáfora sostiene que Dios es nuestro “esposo”. El profeta señala que Dios quiere establecer con nosotros una relación tan íntima y personal como la que tiene un matrimonio. Cuando la presencia de Dios reina en la vida de un varón o una mujer, Dios siempre está presente en cada acción que se emprende.

Existe la tendencia en muchas personas, a espiritualizar la vida. Es decir, no asumir su responsabilidad frente a los hechos cotidianos y pensar que Dios tiene que resolver todo. Esa es la otra cara del ateísmo, las dos reacciones polares de un mismo fenómeno extremo que, en ambos casos, es producido por el mismo hecho: Negación. En un caso, es cuestión de responsabilidad; en otro, de entender lo que significa someterse.

Dios nunca se entromete en nuestra vida a la fuerza. Tampoco actúa en lo que es de nuestra competencia. Siempre espera que nosotros hagamos nuestra parte y luego obra en lo que no podemos hacer porque está fuera de nuestro alcance.

En muchas ocasiones, olvidamos que Dios nos respeta al grado de admitir como válido nuestro rechazo hacia él. Él no obra de tal modo que nuestra individualidad sea avasallada ni nuestra dignidad, como personas, maltratada.

Por esa razón, el concepto “esposo”, en este versículo, adquiere una significación tan grande en una época en la que muchos varones se creen con derechos sobre las conciencias de sus esposas, que tratan a sus compañeras como si fueran peones de un tablero de ajedrez, y sin consideración por sus opiniones, sentimientos y derechos.

El ser esposo concede derechos, pero, siempre dentro de un pacto. Cuando un varón y una mujer se casan, optan por entregarse a otra persona de manera incondicional, pero siempre dentro de un contexto en el que sean respetados sus emociones, espacios privados, capacidad de pensar por sí mismo, posibilidad de movilizarse de un lugar a otro como adulto sin tener que pedir permiso, posibilidad de administrar bienes, etc. Cuando un esposo priva a su esposa de cualesquiera de esas opciones, no cumple su parte del pacto; en ese caso, hablar de matrimonio es un eufemismo que esconde una relación de esclavitud.

¿Trataría Dios a una esposa de la forma en que muchos varones tratan hoy a sus esposas? ¿Avasallaría Dios la conciencia de una esposa como muchos varones lo hacen hoy?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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