EN LA SALUD Y EN LA ENFERMEDAD

pareja igual“Compartir la vida puede significar compartir patologías médicas”. Esa es a la conclusión, a la que arribó un equipo de investigadores médicos dirigido por la Dra. Julia Hippisley- Cox. El estudio, que se realizó con ocho mil parejas comprendidas entre los 30 y los 74 años, comprobó que los cónyuges de un matrimonio tienden a sufrir las mismas enfermedades y no solo las de carácter infeccioso.

El grupo de médicos británicos entendió, finalmente, lo que se suponía, es decir, que compartir un hogar también implica tener en común una dieta, un estilo de vida y ciertas condiciones medioambientales.

Esto, que es cierto en el aspecto de la salud física, también es verdadero en el aspecto psicológico. En los años que llevo atendiendo parejas, compruebo cómo se van contagiando mutuamente de los mismos miedos, ansiedades y conflictos internos.

Del mismo modo, la pareja comienza paulatinamente a traspasar sus mutuas tendencias y convicciones religiosas. Puede ser que en algún momento tengan desavenencias respecto de las ideas que han desarrollado, pero, en algún momento, terminarán sintiendo de manera similar.

El asunto es muy sencillo. Los seres humanos aprendemos más por imitación que por acción racional. La mayor parte de nuestro aprendizaje es imitativo. Esto, que suele considerarse una verdad inapelable, muy pocas veces se la aplica al estado matrimonial.

Una pareja que vive junta comparte no solo un lugar para dormir. Van por la vida compartiendo todo. Eso, tarde o temprano, los convierte en camaleones. Se vuelven del color del otro.

Me sonrío al pensar en algunos matrimonios de ancianos que conozco. Los miro y no puedo menos que sonreír al ver cómo llegan a parecerse tanto. No solo en el aspecto físico algunos, sino también en las mismas formas de reaccionar y actuar. Es como si fueran, después de tanto tiempo juntos, hermanos gemelos.

Por esta razón es tan importante estar atentos, porque no solo se nos terminará pegando lo bueno, sino también las manías, los desaires y las tendencias negativas terminarán siendo parte de nuestra vida; salvo que dialoguemos con cautela entre los dos, y le pidamos constantemente a Dios que nos dé la capacidad de discernir correctamente entre lo que está bien y lo que está mal.

¿Entiendes la necesidad que tienes de estar en conexión con Dios todos los días para que él te oriente adecuadamente en lo que debes decidir?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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