ELIMINAR LA INJUSTICIA

mujer injusticia“Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. 1 Juan 3:8

Millones de mujeres, año tras año, viven de tal modo frustradas que muchas terminan maldiciendo el haber nacido mujeres. Muchas ven de qué manera sus oportunidades son sistemáticamente segadas o frenadas solo por cuestiones sexistas. Los varones -independientemente de sus méritos personales- son preferidos a la hora de asumir puestos de liderazgo empresarial, educativo, religioso y social.

Muchas mujeres con grandes capacidades son tratadas como si fueran sirvientas o como si de ellas se esperara que fueran solo sumisas y atentas a la voz de los varones.

Este ambiente también se traslada a los matrimonios. Muchas mujeres se casan ilusionadas con el amor. En realidad, más enamoradas del amor que del matrimonio. Todas creen que con ellas las cosas van a ser distintas y que sus esposos no repetirán los esquemas tradicionales de una sociedad que, en general, considera a la mujer como un ser humano de segunda categoría. Sin embargo, con el paso del tiempo, se van dando cuenta de que sus esposos las tratan de la forma en que es habitual y se espera de ellas:

*Que no tengan opinión política.

*Que no controlen dinero ni recursos.

*Que se dediquen con exclusividad a tareas hogareñas.

*Que no aspiren a ningún puesto de liderazgo en ninguna área.

*Que no defiendan derechos “feministas” considerados peligrosos por los varones.

*Que se atengan a las consecuencias si se atreven a salirse del molde tradicional.

Es verdad que las líneas anteriores parecen cargadas; sin embargo, son suaves en comparación con las realidades que nos toca tratar semana tras semana con matrimonios en crisis.

Ese no fue el plan de Dios cuando creó al varón y a la mujer, ni cuando diseñó el matrimonio. En la mente de Dios, existió el ideal de una pareja que se tratara con dignidad y se entendieran como iguales.

El Creador nunca quiso que alguien fuera maltratado por causa de su sexo. Sostener algo así es no entender el plan divino, que ciertamente sigue vigente, aun cuando existe el pecado. La razón de su vigencia es que Jesucristo vino a romper las ataduras del mal, y en Cristo todo es posible.

¿Eres un esposo que actúa como cristiano o como alguien guiado por una cultura secularizada?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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