El perdón

perdon cPerdón es una palabra que casi había desaparecido de nuestro vocabulario y sin embargo, está volviendo con más fuerza que antes. Como en otros aspectos de nuestra sociedad, estamos regresando a revisar y redescubrir ciertos principios morales que, por algunas décadas, se consideraron obsoletos y retrógrados para la sociedad en evolución pregonada por ciertas voces intelectuales. Una simple búsqueda en Internet sobre la palabra perdón, y una innumerable cantidad de páginas quedan expuestas a nuestra discreción sobre el perdón, el resentimiento o enojo y las consecuencias de éstas en la salud. Sorprendente. El tema está vigente otra vez y con más fuerza, la fuerza que otorga la investigación científica que sustenta y respalda con hechos reales lo que antes se consideraba cosa de viejas religiosas.

Para citar algunos ejemplos, la Universidad de Stanford (una de las principales del mundo) está llevando a cabo varios proyectos de investigación sobre el tema del perdón y cuenta con algunos programas de ayuda. La fundación John Templeton está subvencionando otros 28 estudios sobre el perdón en los Estados Unidos y patrocina proyectos que aplican desde métodos científicos hasta temas religiosos. Otro estudio preliminar que se completó en el Hope College en Holland, Michigan, indica que el resentimiento puede erosionar la salud mientras que el perdón la mejora.

 El Dr. Redford William de la Duke University y autor del libro “El enojo mata”, (Anger kills) dice que una gran cantidad de investigaciones muestran que la hormona cortisol que alimenta el enojo puede literalmente desgarrar las arterias. Produce pequeños rasguños y cortes en las paredes de las arterias que alimentan el corazón y si el enojo continúa día a día, el cuerpo no puede repararlas. Una vez que las arterias están dañadas, un arranque de enojo puede disparar un ataque cardiaco.

La Biblia, una vez más, se adelanta a tratar este tema con gran profundidad brindando a la sociedad de hoy, la respuesta a tantos dolores. El asesino silencioso es el resentimiento. El perdón es la solución para los dolores emocionales, psicológicos y físicos que afectan y enferman a nuestra sociedad.

Definición de resentimiento

Es una palabra compuesta de dos palabras: re-sentir, volver a sentir. En el griego del Nuevo Testamento “el resentimiento o amargura” proviene de una palabra que significa punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo fuerte y pesado. Así podríamos decir que el resentimiento es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón. El salmista lo describe muy bien cuando dice: “Se llenó del resentimiento mi alma y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; ¡era como una bestia delante de ti!”.

Cómo se produce el resentimiento

El resentimiento no tiene lugar automáticamente cuando alguien me ofende, sino que es una reacción incorrecta, perjudicial y pecaminosa a la ofensa o a una situación difícil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. La sola mención del nombre de la persona que lo ha herido ya le provoca un sentimiento negativo y cualquier comentario que haga al respecto, seguramente irá cargado de resentimiento (aunque trate de disimularlo). Es una forma de responder, que a la larga, puede convertirse en una forma de vida. Este sentimiento es como un cáncer que va creciendo: primero se muestra como rencor, luego se convierte en odio y a veces llega hasta la búsqueda de venganza, de retribuir de alguna manera la mala acción. Echa raíces y crece hasta cubrirlo todo. Absorbe los pensamientos y las fuerzas de la persona destruyendo su vida emocional, física y espiritual.

El resentimiento es muy difícil de desarraigar

El ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: “El debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse. Yo soy la víctima”. El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no se siente culpable de pecado por haberse amargado cuando alguien le hizo daño, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto, este pecado del resentimiento es muy fácil de justificar. Casi nadie nos ayuda a quitar el resentimiento de nuestra vida. Por el contrario, los amigos más íntimos afirman: “Vos tienes derecho… mira lo que te ha hecho”, lo cual nos convence aún más de que estamos actuando correctamente. Finalmente, si alguien cobra suficiente valor como para decirnos: “amigo, estás resentido, amargado; eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte”, da la impresión de que al consejero le falta compasión. Hasta es posible perder la amistad de la persona que nos aconseja correctamente de este modo.

 Una forma simple de detectar si existe algún resentimiento en nuestra vida es hacernos las siguientes preguntas:

  1. ¿Existe una situación en su vida que aparece frecuentemente en la mente o le despierta durante la noche?
  2. ¿Está maquinando maneras de vengarse si tan sólo tuviera oportunidad de hacerlo?
  3. ¿Recuerda hasta los más íntimos detalles de un evento que sucedió hace tiempo?
  4. ¿Se siente ofendido y, debido a ello, está tratando de justificar el resentimiento diciendo “Yo tengo razón”?
  5. ¿Hay expresiones desmedidas en cuanto a incidentes que de otra manera tendrían menos importancia?

Consecuencias del resentimiento

La Biblia es muy clara sobre las consecuencias del resentimiento. El espíritu amargo impide que la persona entienda el amor y la gracia de Dios. En el evangelio de Juan encontramos lo siguiente: “Si decimos que amamos a Dios, y al mismo tiempo nos odiamos unos a otros, somos unos mentirosos. Porque si no amamos a quienes podemos ver, mucho menos podemos amar a Dios, a quien no podemos ver”. El resentimiento afecta no sólo nuestra vida sino la de quienes nos rodean. Hace que la persona pierda juicio, perspectiva y equilibrio. Nos quita la capacidad de justicia o balance y hace brotar en nosotros deseos de venganza. Nos ciega de tal manera que no medimos lo que hacemos. Nos lleva a justificar el mal que hacemos, pensando que es correcto.

Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada, se acuesta enojada y se levanta resentida, se acuesta resentida y se levanta amargada. Algunas terminan sufriendo una gran depresión, otras acaban con úlceras u otras enfermedades. Recuerde que resentimiento significa “sentir de nuevo” con dolor. Finalmente, el cuerpo no soporta y se enferma.

El remedio para el resentimiento es el perdón

Contrario a lo que generalmente se aconseja, el tiempo no sana las heridas y una disculpa por parte del ofensor tampoco: sólo el perdón puede hacerlo. El Padrenuestro es una oración sencilla, pero es el ejemplo que nos dejó Jesús. Y dice: Perdona el mal que hacemos, así como nosotros perdonamos a los que nos hacen mal. ¿Pero cómo hacemos para perdonar? Perdonar no es un sentimiento, es una decisión obedeciendo un mandato de Dios. Perdonar es quitar el resentimiento y el dolor voluntariamente como un acto de obediencia y fe en la palabra de Dios y, para esto, se necesita amor.

En Mateo capítulo 5, versos 23 al 24 dice: …”Por tanto si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu ofrenda“. Lo notable de este pasaje es que dice que si alguien tiene algo contra mí, que es decir, si alguien tiene un problema conmigo, soy yo el que tiene que ir e intentar reconciliarme con él, no el otro. Si esperamos que sea mi hermano el que me pida perdón, estamos poniendo nuestra vanidad y orgullo por sobre nuestra relación con Dios. Él prefiere la comunión con tu hermano, a la mayor de tus ofrendas. Jesús te pide que perdones, no con tu perdón sino con el perdón que Él te dio por medio de la cruz. Dios perdona todos nuestros pecados por el sacrificio de Jesús, si le acepto como Señor, Salvador y Redentor.

¿Cómo sé que he perdonado?

Porque puedo recordar sin dolor la injusticia, el daño o el mal que me hicieron. Dios bendice decisiones, no sentimientos ni buenas intenciones. Perdonar es sabiduría, es la aplicación del consejo de Dios en nuestras vidas. El perdón produce bienestar y sanidad en las emociones, en lo psicológico y lo espiritual. “El corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu triste seca los huesos”, dice la Biblia en los Proverbios.

El ejemplo de perdón es Jesús mismo. Cuando más los necesitó antes de ser crucificado, sus discípulos lo negaron y se quedaron dormidos. Sus discípulos le fueron indiferentes. ¿Cuántas veces te fueron indiferentes, cuantas veces fuiste indiferente? ¿Cuántas veces te ignoraron, cuantas veces ignoraste vos? ¡Nuestro punto de enlace con el dolor y el perdón es la cruz! A Jesús lo vinieron a buscar con bastones y palos, más a Judas le respondió: “¿Amigo, a que vienes?” Lo acusaron con falso testimonio, pero Jesús calló y perdonó. Fue abandonado por sus discípulos, fue negado por quienes lo seguían, pero Jesús calló y perdonó. Lo coronaron con una corona de espinas, y un manto de púrpura, le escupieron el rostro, pero Jesús calló y perdonó. Le desnudaron y le humillaron, lo golpearon con bastones y lo azotaron. El azote tenía pelotas de metal y huesos en las puntas, pero Jesús calló y perdonó.

 Conclusión

Los azotes a Jesús fueron con el odio del corazón de aquellos hombres. En esos momentos, Jesús venció y se llevó la injusticia. En esos momentos, te regalo el perdón. ¡Pero Jesús ante todo calló y perdonó, si hubiera hablado entonces, hoy, no habría perdón para vos!

Nancy Cepeda
Instituto Bíblico Sion
Directora

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