EL MATRIMONIO NO ES UNA EMPRESA

EMPRESA“Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón”. 1 Corintios 11:1

Algunos les gusta comparar al matrimonio con una empresa. La imagen metafórica es más o menos común; sin embargo, por mucho que sea repetida, es una idea que desfigura  el verdadero sentido de la relación conyugal.

Para que una empresa funcione, se precisa un presidente, asociados y operarios que sean los que leven a cabo las órdenes emanadas de la junta directiva. En dicha imagen, el esposo es el presidente, su esposa una ejecutiva que está bajo sus órdenes y los hijos los que deben obedecer, como obreros que no tiene posibilidad de pensar por sí mismos.

Este modelo, aplicado al hogar y a la familia, lo único que ha provocado es generaciones de jóvenes rebeldes frente a la autoridad y mujeres frustradas por sentirse tratadas como seres humanos de segunda categoría.

Me agrada más utilizar el símbolo de los pilares de un edificio de dos columnas. Cada una de ellas es necesaria para construir el edificio. Si una columna falta, es probable que el edificio se mantenga en pie de manera precaria, sin embargo, estará debilitado. Las bases son Dios y sus principios. Los tirantes y el techo representan a los hijos.

Esta idea no es popular. Es más sencillo pensar en el “jefe” que manda y la “subordinada” que obedece. De hecho, se necesita más energía y sabiduría para sustentar el modelo de las columnas que el de la empresa. 

El fracaso de la institución matrimonial habría que buscarlo en un modelo que ha privilegiado el autoritarismo por sobre la bondad y la igualdad. Muchos jóvenes no desean casarse, especialmente mujeres, porque no está dispuestas a perder su autonomía como seres humanos y sentirse tratadas de manera secundaria, con opiniones e ideas que son menoscabadas o despreciadas, simplemente por ser mujeres.

No se construye un matrimonio equilibrado con subordinación. En ese caso, lo que se produce es una infantilización de la relación, en la que la mujer, normalmente, es tratada de manera infantil, como si no tuviera capacidades para opinar, elegir o administrar.

Lamentablemente, quienes más sustentan este modelo abusivo son personas que se dicen cristianas y pretenden utilizar la Biblia para sustentar un modelo contrario a la voluntad expresa de Dios.

Desde hace siglos se viene torciendo las Escrituras para lograr que este preconcepto triunfe; eso hace que el prejuicio esté tan arraigado que se vuelve difícil siquiera examinar el problema a la luz de la Biblia. Como diría irónicamente Albert Einstein, es más fácil dividir el átomo que eliminar un prejuicio; y, en lo que refiere a la supuesta superioridad varonil, sin duda es así.

¿Estás siendo coherente con el mensaje bíblico de no discriminación? ¿Entiendes que el matrimonio se construye en una relación de mutualidad y no de superioridad?

Diseñados para amar, Miguel Ángenl Núñez

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