EL AMOR QUE PROTEGE

 amar juntosLos libros de filosofía suelen ser fríos. Sin embargo, hay una dedicatoria en uno que cada vez que la leo me emociona. Está escrita por el autor dirigida a su esposa, y dice: “Crece fuerte, mi compañera…. tú puedes estar de pie. Firme cuando caigo; que yo puedo conocer. Los fragmentos destrozados de mi canto vendrán al fin a ser una fina melodía en ti. Cuando yo pueda decir a mi corazón que tú comienzas donde pasando yo me marche, y sondea mas”. Esta dedicatoria me dice que, más allá del razonamiento y la especulación filosófica, lo que realmente necesitamos, como humanos, es la compañía de una persona que decida amarnos incondicionalmente.

La soledad es una tragedia que convierte a los solitarios en personas aisladas de la humanidad. Dios dice: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18).

Dios creó a la pareja humana para que se acompañaran. Eso no es estar uno al lado del otro físicamente, sino estar de tal modo ligados que uno sirva de consuelo, protección y refugio para el otro. Cuando un varón y una mujer deciden prodigarse amor, comienzan a entender el sentido más profundo de la relación matrimonial. Salomón lo expresa en su testamento ideológico, diciendo: “Mejores son dos que uno” (Ecl. 4:9). Luego, agrega: “Si dos duermen juntos, se abrigarán mutuamente. Pero, ¿cómo se abrigará uno solo?” (Ecl.. 4:11, RVR95), y remata con este concepto extraordinario: “y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Ecl. 4:12). He conocido matrimonios que comparten la misma casa, la misma mesa y la misma cama, pero, se sienten solos. ¿Por qué? Simplemente uno de ellos o los dos olvidaron que su primer deber, como marido y mujer es ser compañeros.

Los compañeros se ayudan. Gustan de pasar tiempo juntos. Les agrada ver a la persona que los hace sentir menos solos en este mundo. El primer deber del esposo para con la esposa, y viceversa, es ser compañeros mutuamente. Cuando Dios dice “no es bueno”, diciendo que, en su diseño, eso no existe. Dios nos creó para compartir. El matrimonio es, sobre todo eso, darnos en una relación de mutua compañía, donde apaguemos con nuestra presencia real la soledad natural que se siente al vivir.

¿Eres compañero de tu esposa o tu esposo? ¿Sientes que estás solo aunque compartes tu vida con alguien a tu lado? ¿Qué crees que ha pasado? ¿Cómo puedes remediar la situación?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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