DERECHO AL PLACER

sexo“¡Llévame en pos de ti! [...] ¡Corramos! [...] ¡El rey me ha llevado a sus habitaciones! Nos gozaremos y alegraremos contigo, nos acordaremos de tus amores más que del vino. ¡Con razón te aman!” Cantares 1:4, 5, RVR 95.
Parece increíble. Estamos en pleno siglo XXI, pero aún hay millones de mujeres a las que se les niega sistemáticamente la posibilidad de vivir su sexualidad de una manera sana y desconectada de la concepción. Para muchas mujeres, todavía la sexualidad está asociada fatalmente al embarazo y la maternidad. Viven con la experiencia palpable de sentirse necesitadas de tener que optar por el aborto.
Aunque en la mayor parte del mundo los métodos anticonceptivos han abierto una puerta para evitar la permanente sensación de horror ante un embarazo y el miedo paralizante a tener que decidir por un aborto, muchas mujeres viven aún como se lo hacía en los siglos XVIII y XIX. Para millones, todavía no ha llegado la civilización y el derecho a controlar la natalidad de una manera permanente y continúa.
Los grupos conservadores de orientación religiosa rígida nunca han visto con buenos ojos la contracepción. Al contrario, en su discurso amarillista, cargado de resabios medievales, quien controle la natalidad por métodos anticonceptivos aparece llanamente como una persona promiscua y que ve a la sexualidad solo como una vía de gozo y placer, más allá de la concepción, el único fin para el cual serviría la sexualidad.
Sin embargo, la contracepción es nada menos que la libertad de decidir el número de hijos deseados y el momento de los embarazos. Es la sexualidad sana, sin correr riesgos. Es vivenciar la sexualidad ligada al placer y al derecho de experimentar la sensualidad sin temer un embarazo. Muchas mujeres viven y vivieron su sexualidad con miedo. El temor a los embarazos las hace y las hizo temerosas e inseguras de expresar libremente su sexualidad.
Negar el derecho al placer es no entender el sentido que tiene la vida creada por un Dios que considera que todos los seres humanos tienen la posibilidad de ser plenos. Privar a una mujer de la posibilidad de experimentar sensualidad con su cuerpo es creer que no es persona, sino una máquina de producción natal.
Es injusto pensar que los varones tienen un derecho cuestionable a la sexualidad y que las mujeres tienen que conformarse con ser pasivos personajes en una historia en la que no tienen parte.
Cuando se lee el Cantar de los Cantares -el libro que la Biblia reserva exclusivamente al tema de la sexualidad-, en él se presenta a la mujer gozando y expresando su plenitud por la vida sexual en el mismo nivel de igualdad y satisfacción que el marido.
¿Viven ambos una sexualidad sana y equilibrada? ¿Expresan lo que sienten sin ambigüedades y con honestidad?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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