CUANDO TE CASAS, TE CASAS CON TODA LA FAMILIA

familiaCuando me casé con Mery, me di cuenta de que también me había casado con Enid, Augusto, Erick, Víctor, Marcos, sus hermanos y con Liana y Augusto, sus padres. Debo admitir que, en ocasiones, hubiese querido haberme casado solamente con ella, pero eso no es posible. A la inversa, ella no tardó en admitir que al casarse conmigo también lo hizo con mi familia. Esto es así porque venimos de un entorno familiar que, nos guste o no, lo llevamos con nosotros cuando vamos caminando hacia el altar el día de nuestra boda.

Los problemas de nuestras mutuas familias, querámoslo o no, nos han afectado. En algunos casos, más allá de lo que hubiésemos querido.
El matrimonio es una institución que lejos de disminuir nuestro trasfondo familiar lo aumenta. De pronto, nos convertimos en familiar de una cantidad de personas que hasta ese momento eran unos perfectos desconocidos. Sin darnos cuenta, de pronto estamos opinando sobre problemas familiares, ayudando a tomar decisiones o ayudando en situaciones que, hasta hace un tiempo atrás, nos eran indiferentes.

Es verdad que el mundo moderno ha traído un gran aislamiento a muchas parejas, atomizándolas en una familia mononuclear; pero la mayoría de las personas, cuando se casa, adquiere un valor agregado a su relación: el contacto con personas que ahora pasan a representar algo más que personas conocidas. Se convierten en parientes políticos.

Lo extraordinario de esto es que así lo planeó Dios. Él ideó que los seres humanos no fuéramos totalmente independientes, sino que estableciéramos relaciones de interdependencia. La familia es como una red interconectada en múltiples nexos.

Es verdad que no a todos los parientes que nos toca llegamos a amarlos plenamente; lo más que hacemos con algunos es tolerarlos. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, se convierten en personajes cotidianos de las fiestas familiares, de los acontecimientos sociales que se vinculan con la familia, e incluso en las situaciones de enfermedad y sufrimiento son las personas que nos interesan.

Lo ideal es que aprendamos a valorar este entramado de relaciones como un don de Dios para nuestras vidas, para que aprendamos a crecer. Los hermanos de nuestra esposa o esposo no tienen por qué ser una carga, a menos que lo permitamos; pueden muy bien ser una gran ayuda para el fortalecimiento de nuestra relación.

En nuestro caso, mi cuñada, esposa del hermano mayor de Mery, se ha convertido en una de nuestras mejores amigas… vino con el paquete, pero se convirtió en alguien entrañable. Esa es otra más de las bendiciones de estar casado con la mujer que amo.

La familia de tu esposa(o) ¿ganó un(a) hijo(a) o la(o) perdió?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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One Response to CUANDO TE CASAS, TE CASAS CON TODA LA FAMILIA

  1. Rafael Sánchez dice:

    Lamentablemente es así, lo deseable es como lo dice el Génesis: “Y por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, para hacer una nueva carne”.

    Pero nos casamos con adultos inmaduros, arraigados a la familia, a la que tienen que pedir opinión incluso para decisiones de matrimonio. Tus cuñados y sugros son tus amigos en la medida en que seas complaciente con sus gustos y opiniones, no se diga el tema de religión, valores o tradiciones, si quieres salir vivo, sé hipócrita.

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