Cristo, el esposo

cristo esposo“Porque  os celo con celo de Dios, pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”. 2 Corintios 11:2.

Si Jesús se hubiese casado, ¿cómo habría tratado a su esposa? Puede ser que a alguno esta pregunta le parezca herética, especialmente en el contexto de una religión sexofóbica; sin embargo, ya algunos autores se han planteado el interrogante.

Pero, en el contexto de la voluntad de Dios y la búsqueda de una opción que concuerde con lo que Dios quiere, esta pregunta no es improcedente sino plenamente válida.

No forma parte del plan de salvación el que Jesús contrajera matrimonio; sin embargo, en su vida dio suficientes muestras de una existencia práctica, como para intuir de un modo u otro cómo hubiese sido como esposo.

El matrimonio es una relación que entraña deberes y derechos. Se suelen sobreenfatizar los derechos en desmedro de los deberes. Eso produce un desequilibrio en cualquier relación. Cristo nunca defendió los derechos al grado de dejar los deberes a un lado. En ese sentido, habría vivido un estilo de vida que hubiese sido fundamentalmente un acto de preocupación constante por la felicidad del cónyuge, sin preocuparse fundamentalmente por los derechos propios.

Cuando la Biblia sostiene que Cristo es el esposo (evidentemente, en términos metafóricos), lo hace sobre la base de entender que el matrimonio es una unión que es la más cercana a la comprensión de lo que Dios desea para el ser humano. Cristo, como esposo, está dispuesto al sacrificio y aun a la muerte con el fin de garantizar la felicidad de la esposa, y sin condiciones previas ni requisitos. Solo por amor, opta por la entrega total, sin condiciones.

Las personas merecen respeto a toda costa. Jesús vivió eso al grado de estar dispuesto, incluso, al rechazo. Pero, nunca, bajo ningún aspecto, avasalló la dignidad de una persona ni arrasó con las ilusiones ni los sueños de otros. Vivió de tal modo que potenció, con sus actitudes, la vida de los demás. Buscó, de todas las formas posibles, que las personas se sintieran amadas y respetadas. Como esposo, no habría hecho menos.

Jesús el esposo tomó la iniciativa del amor. Nosotros lo amamos -dice Juan- porque él nos amó primero (1 Juan 4:19); amó sin condiciones, sin esperar nada a cambio, sabiendo incluso que habría algunos que no lo amarían. Amar con condiciones no es amar. Quien ama solamente si es amado, en realidad, no ama: negocia. El amor no es un trueque. Es la decisión de hacer lo mejor por otro, sin esperar nada a cambio.

¿Estás siendo esposo como Cristo lo habría sido? ¿Entiendes lo que significa amar?

Diseñados para amar, Miguel Ángel Núñez

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